Siempre Belén

Abr 13, 2022

Son las siete de la mañana y los rayos de sol se resisten a asomar. Por ahí, por el Barrio Alto, las líneas solares parece que tienen miedo a salir. Hace frío, no sé si por marzo o porque algo en el ambiente dice que será un día triste y duro.


Va pasando la jornada y el reloj, de repente, se para. Sus saetas no quieren continuar, están fijas y nada ni nadie las hace mover. ¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿Por qué?
El día se paró para Belén. En un momento, se apagó la vela, esa luz llamada vida. Todo se quedó inmóvil y el reloj dijo adiós. Nunca la muerte tiene explicación, pero todavía menos cuando nos arrebata una pieza de ajedrez tan importante.


En nuestro Luco, no se podrá jugar esa partida completa. En el juego de la vida, nos faltará una ficha decisiva y el juego acabará en tablas, no tendrá final. Será una pieza que siempre echaremos de menos. Esa palabra, «siempre», adverbio tan, tan bonito será la definición: nuestra bandera, nuestro lema que ya era «Siempre Luco» y será también «Siempre Belén».
Como dijo un familiar suyo, un ser todopoderoso quiso llevarse a Belén consigo y fue egoísta porque tan solo nos regaló 31 años con ella. Allí donde vaya, jugará la partida de ajedrez y, gane o pierda, seguro dará una sonrisa como respuesta. La sonrisa era su marca de identidad, su identificación más absoluta, y también su bondad. Cuando se mirase al espejo, seguro que hasta él le sonreiría. Su sonrisa bondadosa era su «Hola» y su «Adiós».


Quiero pedirte, Belén, que nos mandes un paquete bien, bien repleto de fuerzas y ánimos para que tus padres y hermana puedan llevar a cabo el viaje de la vida, un viaje ahora duro y costoso de realizar. Han perdido un tesoro muy, muy importante que no olvidarán jamás. Ahora entiendo que, a las 20:30 horas, el sol corriera hacia el ocaso para dormirse y olvidar así esta pesadilla del 20 de marzo que nunca debió suceder.


Belén, no quiero despedirme de ti. Solo quiero decirte gracias por muchos momentos, por tus sonrisas y decir que estoy orgullosa de haberte conocido.
Esto no es un adiós. Es un abrazo cariñoso y dulce, como eras tú.

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