La pandemia de coronavirus, con sus confinamientos domésticos y perimetrales, fue un punto de inflexión para algunos urbanitas. El pueblo se convirtió en el oasis donde vivir en calma y con mayor libertad. Algunos, como Sofía González y su familia, dieron el paso: se mudaron a su Burbáguena natal. Y una vez instalados, percibieron la falta de servicios que favorecieran la conciliación familiar y laboral, algo frecuente en las ciudades pero no en los núcleos pequeños. Junto con otras familias y la implicación de las instituciones, crearon la red de apoyo ‘La Tribu Rural’.

Hace unos días se cumplían dos años de la pandemia. Mi marido y yo, con nuestra niña pequeña, vivíamos por aquel entonces en un piso en Zaragoza. Nuestra salvación para sobrellevar la situación fue un balcón desde el que nos asomábamos al mundo, cuya orientación sur fue clave para poder tomar el sol y sentir que salíamos por un momento de la casa.
Yo, por mi parte, soñaba con el pueblo, con su tranquilidad, con su aire limpio y grandes espacios. Cuando por fin pudimos venir, la sensación fue aún mejor de lo que imaginaba.


La apertura de una guardería en el pueblo, Burbáguena, nos hizo plantearnos muchas cosas, la posibilidad de vivir de forma permanente apareció en nuestra mente y tomamos la decisión, dejamos el piso en Zaragoza y alquilamos una casa en el pueblo. Comenzaba nuestra aventura rural. Dos años después el balance es más que positivo, la guardería fue un sueño cumplido, pero la posterior escolarización en la escuela de Báguena nos hizo ver que no existían todos los servicios necesarios para la conciliación familiar (madrugadores, comedor, extraescolares todos los días, transporte). Así pues, un grupo de padres con las mismas necesidades nos organizamos para pedir la solución de estos temas, al obtener respuestas imprecisas y ante la falta soluciones por parte de la administración, decidimos crear un proyecto para solventar estas cuestiones. Ahí nació el proyecto Tribu Rural.


Todo vino determinado por la convocatoria de ayudas a proyectos de conciliación organizada por Adri- Jiloca Gallocanta. Era una gran oportunidad presentar nuestro proyecto en esta convocatoria, en él explicábamos que se iba a dar apoyo a la guardería de Burbáguena, al colegio de Báguena y también a la formación de adultos, con clases presenciales, tanto de inglés (impartido por una profesora experta) como con el taller Mueve tu mente (soy la psicóloga encargada de estas clases). La idea no nos podía emocionar más. La presentamos a los ayuntamientos de las dos poblaciones en las que se iba a desarrollar, Báguena y Burbáguena, y desde el primer momento apoyaron totalmente el proyecto, cuando se concedió la ayuda todos vimos que el éxito de esta propuesta venía determinado sobre todo por la unión de fuerzas, unir servicios, aprovechar para los dos pueblos los ya existentes, apoyarnos los unos a los otros era la clave. Una idea novedosa que se viene desarrollando desde octubre de 2021 y que actualmente da servicio a unas 70 personas, aunque se prevé que esta cifra aumente con la llegada del buen tiempo, pues muchas personas acuden a los pueblos y se apuntan a las actividades, y también con la llegada de personas refugiadas que acuden al centro que la ONG Accem tiene en Burbáguena.
Este primer año como digo está siendo un éxito, la participación ha sido muy alta desde el principio y la acogida excelente. Una de nuestras ideas futuras para ampliar el proyecto Tribu Rural, sería la realización de actividades para adolescentes. Es un sector de la población que tiene pocos alicientes en la zona y faltan propuestas dirigidas específicamente para ellos. Creemos que el proyecto crecerá en la medida en que todos lo hagamos crecer, por ello escuchamos todas las ideas que nos quieran proponer desde ambas localidades, y también hacemos extensivo el concepto de tribu a toda la comarca. Todos somos Tribu Rural. Porque creemos que la vida rural es la VIDA en mayúsculas.

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