Educar en igualdad de género es uno de los retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Tras muchos años de roles prestablecidos (azul/rosa, trabajar/estar en casa y cuidar, sexo fuerte/sexo débil), es el momento de alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres. Cada vez hay más personas dispuestas a aportar, desde sus posibilidades, para lograr este objetivo. Por ejemplo, desde la educación y la música. Verónica Maudos, profesora y secretaria del CPEPA Daroca, habla en primera persona del concierto que organizaron con el grupo de flamenco Kantamelade.

“Somos un grupo musical formado por voz, guitarra, flauta travesera y percusión que, desde una perspectiva feminista y en busca de la igualdad de género, incluye en su repertorio versiones de canciones de siempre con temas de flamenco”. Así fue como se presentó ante nosotros/as el grupo Kantamelade, formado por Eva, Marta, David y Nuria.


David, el guitarrista, es nuestro compañero del CPEPA Daroca. No sólo por esa razón, sino además por su presentación expuesta y referencias positivas y enriquecedoras, decidimos que era el grupo perfecto para que compartiera su arte y su música con toda la comunidad educativa y la población de nuestro núcleo rural, Daroca. Además, era una actividad que cumple con los objetivos de nuestro Plan de Igualdad de Centro, dando mayor visibilidad, empoderamiento y voz a las mujeres.


Ahora, nos vamos a situar, poniendo en escena dicha actuación: Daroca, 19 de febrero de 2022, Casa de Cultura. Son las 19:00 horas y una actuación a cargo del grupo Kantamelade va a dar comienzo.
Casi al empezar la actuación, Eva, la voz del grupo, nos sorprendió muy gratamente con esta estrofa: “ ‘Quien bien te quiere, te hará sufrir’. Yo no pienso de esa manera. Quien bien te quiere, te quiere libre y yo no sufro si soy libre a tu vera”.


Estas frases forman parte de una de las canciones que estoy segura que es muy conocida por todos/as nosotros/as: Bellas, de Canteca de Macao, que nos brindaron a todo el público allí asistente con su sencillo cante y un toque que llenó el salón de emoción y palmas.


La actuación fue enganchando poco a poco al público (algo tímido y silencioso al comienzo), que fue uniéndose para realizar coros y marcar ritmo a través de sus palmas y que, al finalizar, dado el gran recibimiento de Kantamelade y lo que gustó la actuación, confirmó lo que la gente, con mucho entusiasmo, aclamó con el típico: “¡Otra, otra, otra…!”. Así pues, Kantamelade, ante tal ovación, decidió continuar un poquito más.
Una vez finalizado el concierto, la gente agradeció y felicitó al grupo personalmente por lo bien que lo había hecho: hizo sentirnos importantes y empoderadas a las mujeres, nos movió mariposas en el estómago con sus palabras, versos y ritmo, una percusión que nos sedujo desde que se oyeron las primeras notas, unas cuerdas que nos hicieron vibrar y volar…
En general, una música que nos hizo sentir, reflexionar, emocionarnos y disfrutar.
Gracias a Kantamelade, la gente que les acompañamos en ese día, pasamos un rato muy agradable y para volverlo a repetir. De acuerdo a lo que yo viví y pude percibir, creo, me imagino o supongo que así nos lo hicieron pasar a todos/as allí asistentes.

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