POR PASCUAL SÁNCHEZ

Últimamente he escrito y hablado mucho sobre las  órdenes religiosas habidas en Daroca a lo largo de su Historia. A finales del pasado año en este mismo Comarcal apareció un artículo sobre los 500 años de las M.M.Dominicas, la “única” orden que todavía pervive en esta ciudad en la que estuvieron franciscanos, mercedarios, trinitarios, dominicos, capuchinos, escolapios y las H.H. de Santa Ana. Por eso, en diversas charlas y textos me he referido  a las Dominicas como supervivientes de toda esa población religiosa, sin embargo en ninguna de ellas he mencionado a otra Orden que todavía está con nosotros y esperemos que por muchos años más. Me refiero a las Hermanas Auxiliares Parroquiales  de Cristo Sacerdote presentes también en Daroca desde hace años.

     Esta Orden fue fundada a  principios del s.XX por el presbítero tolosano José Pío Gurruchaga Castuariense . El padre José Pío desde su puesto de coadjutor en la parroquia de Santa María de Juncal de Irun se dio cuenta de que “las parroquias necesitaban almas femeninas consagradas de por vida a servir y amar y hacer amar a Jesucristo” (sic) y con ese propósito instituyó  la Orden cuya primera  comunidad fue creada el 6 de febrero de 1927 en la Av. De Francia, número14, piso 3º,en Irun, Ciudad en donde todavía se encuentra su Casa Madre.

      A partir de aquí la Orden se fue extendiendo y actualmente atienden decenas de iglesias, basílicas y catedrales  en toda la geografía española incluso europea y americana. 

     En principio la Orden se denominó Comunidad de Hijas de la Unión Apostólica y en 1968, al erigirse como Congregación Religiosa de Derecho Diocesano cambió a la actual denominación de Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote. (A.P.C.S.)

     En Aragón están presentes  en las basílicas zaragozanas del Pilar y Santa Engracia y en la también basílica de Daroca, la Ciudad de los Corporales, a donde  cuatro valientes mujeres llegaron el 6 de febrero de 1957, originarias de diversas partes de España. La madre María Ángeles Gal, natural de Irún, la hermana Margarita Fernández, de Toledo, la hermana Celsa Benito de Segovia y la hermana Elvira Mosell de Valencia habían salido por la mañana de la Casa Madre en Irun y se detuvieron en Zaragoza en donde las esperaba el párroco de Daroca don David Navarro Conesa acompañado del presbítero darocense don Jesús López Bello, cura de Santa Engracia. Tras visitar a la Virgen del Pilar continuaron su viaje a Daroca a donde llegaron en torno a las ocho y media de la tarde. Poco después las cuatro emocionadas monjas tenían ante sus ojos la Basílica de Daroca en cuya puerta principal las esperaban un nutrido grupo de feligreses que las recibieron con gran alegría y simpatía. Arropadas por estas mujeres y hombres de Daroca las cuatro hermanas fueron conducidas hasta la Santa Capilla en donde el párroco les dedicó una entrañable plática de bienvenida y posteriormente pasaron a adorar el Santísimo Misterio.

     Todo esto ocurría, como he dicho, aquel ya lejano miércoles 6 de febrero de 1957. Llevan por tanto en Daroca  65  años cumpliendo fiel y silenciosamente la labor para la que vinieron,  ayudar a los sacerdotes de la parroquia en las Eucaristías, impartir catequesis a los escolares, cantar en las misas, la conservación y reparación de los ornamentos  litúrgicos  y ofrecer sus oraciones a la parroquia en general. Esto es a groso modo lo que hacen en todas las parroquias en las que cumplen sus servicios, pero en el caso de Daroca son además las Guardianas del Santísimo Misterio, el Paño Sagrado con las Seis Formas ensangrentadas que se conservan en Daroca desde 1239.

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