Por Pascual Sánchez

  Sin temor a exagerar, podemos afirmar que el Museo de los Corporales de Daroca es uno de los más interesantes de Aragón en cuanto a patrimonio eclesiástico se refiere, y el motivo de toda esa riqueza se debe a su pasado en el que convivieron 7 parroquias hasta principios del s.XX y cuyos fondos artísticos quedaron depositados en dependencias de la parroquia de Santa María, única en Daroca desde 1902. El primer proyecto de este museo aparece en un documento de 1925, pero es en realidad una memoria que el párroco don José María Gil de Oroquieta, envió al recién nombrado arzobispo Domenech de Zaragoza, comunicándole la situación general y actual de la parroquia, manifestando su preocupación por la cantidad de  objetos religiosos que habiendo pertenecido a las otras 6 parroquias se guardaban ahora en Santa María, y su conveniencia de ser debidamente mostradas en un digno museo.

     Pero no fue hasta 1939 cuando el Museo se hizo realidad, inaugurado con motivo del 700 Aniversario de la llegada a Daroca de los Corporales. El proyecto y realización corrió a cargo de los hermanos Albareda y  su instalación fue en las dos salas que componían la Sacristía Mayor y la Sala Capitular, edificadas entre 1651 y 1656 , en las que se “apiñaban” piezas de todo tipo aunque debidamente colocadas en sus paredes y varias vitrinas centrales.

   Con el tiempo el museo fue creciendo en espacio y a partir del año 2000 cuenta con 4 salas: Orfebrería, Pintura, Sala Terrer de Valenzuela y Textil.

      El acceso al museo se realiza por la capilla de Santa Ana a través de un pequeño espacio de recepción y control de visitas.

     En primer lugar se encuentra la Sala de Orfebrería con dos grandes vitrinas a los lados en las que se pueden admirar más de 150 piezas, la mayoría de ellas de primer orden artístico e histórico. Artículos usados antiguamente en la liturgia como cálices, crismeras, relicarios, incensarios, cruces de altar, acetres, etc, así como objetos donados a la Parroquia por feligreses en distintas épocas. De entre todo ello cabría destacar la Arqueta de Jaime I, el Relicario de Pedro IV y las cruces procesionales pertenecientes a las 7 antiguas parroquias.

     En la Sala de Pintura, principalmente gótica, existen diversas tablas, lienzos y sargas de cierta importancia, pero posiblemente las más importante sean las  piezas conservadas del retablo de Santa Engracia de Bartolomé Bermejo.

   La Sala denominada Terrer de Valenzuela alberga tres retablos completos: en el muro más corto, el Mayor de la desaparecida parroquia de San Pedro, y en los muros largos, sobre las cajoneras originales, los retablos de Santo Tomás Apóstol y de San Martín de Tours. En el centro de la sala el magnífico Palio del Corpus de principios del s.XVII También cuenta esta sala con un gran retrato de cuerpo entero del arzobispo don Martín Terrer de Valenzuela.

     A través de unas escaleras se accede a la Sala Textil en la que, en sus correspondientes vitrinas, se expone una magnífica serie de ornamentos. Otros se guardan en diversos armarios y cajones y algunos más expuestos en vitrinas colocadas en la capilla de la Anunciación y a los pies de la nave del evangelio. Dos piezas importantes, cedidas por el Archivo Parroquial, pueden verse también en estas vitrinas. Se trata de la Carta de Chiva y del Libro Bermejo.

     Acaso comentar que en 1988 la Parroquia cedió al Ayuntamiento un número importante de piezas de orfebrería, pintura  y escultura para un nuevo Museo en el antiguo Hospital de Santo Domingo, creándose desde entonces la Sección II del Museo de los Corporales.

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