Parcelas El Cerro

May 16, 2022

POR JESÚS BLASCO

Dentro de los actos festeros de la Vaquilla, tiene lugar todos los años la clásica subasta de palcos de la plaza de toros, a la que suele acudir todo el Teruel con ánimo de no dejarse pisar el mejor sitio y dispuestos a pujar hasta donde haga falta, trance del que tampoco se libran las corporaciones local y provincial. Esta tradición evolucionó con los tiempos y lo que hoy hacen con los palcos antiguamente lo que se subastaba era la carne de lidia, si bien en nuestros días la subasta mantiene el toque romántico de seguir haciéndolo en pesetas, con las que a buen seguro podrán atender muchos menesteres, incluido una brigada de limpieza para dejar aquello como los chorros del oro.


A nuestros paisanos de la subasta capitalina se les hubiera disparado la imaginación si llegan a ver la montaña sagrada de los calamochinos totalmente parcelada cuando todavía faltaban días para el evento; y si quien pasara por allí fuera un constructor forano pensaría por lo bien señaladas que estaban las parcelas que alguien había proyectado una próxima urbanización junto a la Santa; pero en caso de tratarse de un edil del Ayuntamiento de Gandía además de procurar por el fideuá que ya estaría incluido como plato típico del Cerro, tendríamos también un reglamento como ocurre en sus playas para que nadie plante una sombrilla antes de las ocho de la mañana.


En la víspera de la romería, la visión desde el Cerro era espectacular, todo verde, y entre el día que era despejado y luminoso, el monte limpio como nunca, agua corriendo por las barranqueras y el silencio reinante, daba una sensación de bienestar y placidez como si estuvieras en el Sinaí o con Dios muy cerca. Se nota y mucho la limpieza, poda, desbroce y retirada de basura que la Brigada de Intervención de Incendios con sede en Daroca ha venido realizado en momentos puntuales a lo largo del pasado año y parte de este, acondicionando los anillos de la ermita y las faldas de este arisco y aguijarrado monte, dulcificado por los pinares que hoy disfrutamos gracias a la repoblación de hace más de medio siglo, creando muchos puestos de trabajo en épocas de crisis.


A la magnífica actuación de la BRIF en la que intervinieron una media de 25 personas y en ocasiones hasta 46, hay que añadir la colaboración y feliz iniciativa de la Peña La Unión con su Planta-Mocha, a la Asociación 4×4, a la impagable labor de los Mayordomos de Santa Bárbara que se han implicado y mucho, y también la brigada municipal, sumándose a la elogiable tarea de dejar un Cerro limpio y en estado de revista para disfrute general.


Por respeto a todas esas personas y a nosotros mismos, no podemos consentir que la felicidad del día del Cerro se torne en cabreo y ardor de estómago contemplando unas imágenes que nos perjudican a todos, dejando ese lugar al que decimos querer tanto, igual que si hubiera pasado Atila y sus muchachos. En los tiempos que corren, dejar el monte hecho unos zorros ni es de recibo ni tiene justificación, asombra que con tanta inversión en educación y cultura haya carencia de algo tan básico como la urbanidad, y más aún la ausencia de ejemplo por parte de la mayor concentración de carreras universitarias que se haya visto en el Cerro. Seguro que la Santa, mejor que una vela, más nos agradecería dejarle la casa barrida sin restos de botellón y del mismo modo que subimos los sarmientos, hacer lo propio con unas bolsas de basura para dejar cada cual su parcela al menos como estaba.


Las fotos por las redes debieron remover conciencias y la reacción no se hizo esperar para dejar en condiciones todo aquel entorno, para que una semana después del Cerro calamochino, pudieran disfrutar nuestros vecinos de Torralba con su secular tradición a medio camino entre romería y rogativa, también evolucionada a misa con posterior vermut organizado por su Ayuntamiento, que quiso tomar el testigo de lo que hasta el inicio de la democracia venía haciendo la Cofradía de la Sangre de Cristo, que tradicionalmente recorrían a pie los nueve kilómetros de distancia con asistencia de los cargos de prior, cruz, faroles y bandera, revestidos con hábitos y terceroles negros para asistir a misa y posterior procesión alrededor de la ermita, rematando con un animado tentempié.

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