El periodista Jorge Herrero Catalán es miembro del Club Kitesurf La Loteta, entidad que ha conseguido poner en el mapa este pequeño rincón de la Ribera Alta zaragozana, en especial las orillas del embalse de Luceni, Boquiñeni y Gallur. La Loteta se ha convertido en la cuna del kitesurf y el windsurf en el interior de España y una oportunidad de generar riqueza

Las oportunidades se presentan donde menos te lo esperas. En pleno valle del Ebro, entre campos de secano y molinos de viento, existe un embalse que, en los últimos años, ha atraído a miles de deportistas de todo el mundo. Se trata de La Loteta, un lago artificial creado para el abastecimiento de agua a Zaragoza. Su lámina de agua -de color turquesa y venida directamente del Pirineo gracias a una conducción desde el embalse de Yesa- se ha convertido en la cuna del kitesurf y el windsurf en el interior de España. Deportes en los que se trata de navegar de pie sobre una tabla, gracias al impulso del viento en una cometa (kitesurf) o una vela (windsurf).


Son actividades tradicionalmente asociadas al mar que en La Loteta son posibles gracias a unas condiciones excelentes: una gran superficie de agua (6 km. de largo por 2 de ancho) y, sobre todo, más de 200 días de viento al año, por el efecto del tan odiado “cierzo” que, sin embargo, se convierte en la “gasolina” de estos deportes extremos. Son cifras que solo están al alcance de lugares consagrados como Tarifa o Fuerteventura. Todo gracias al cierzo, que tiene dos virtudes especialmente apreciadas: es fuerte y constante, un viento ‘noble’ que, a pesar de soplar en ocasiones a casi 100 km/h, es más fácil de navegar de lo que parece.


Entidades como el Club Kitesurf La Loteta y la Federación Aragonesa de Vela han conseguido poner en el mapa este pequeño rincón de la Ribera Alta zaragozana, en especial las orillas del embalse pertenecientes a los municipios de Luceni, Boquiñeni y Gallur. Pueblos pequeños que ven en La Loteta la oportunidad de generar riqueza: ya hay cuatro escuelas de kitesurf creando empleo con monitores titulados dando clases a alumnos venidos de toda España; los hoteles de la zona notan mayor afluencia de huéspedes cuando hay viento (que son muchos días al año); también los establecimientos locales como supermercados, gasolineras o el pequeño comercio. Y allí ya se organizan eventos deportivos de repercusión nacional, el más importante de ellos el ‘Cierzo Festival’, que este año cumple su décima edición. Y campeonatos nacionales de kitesurf, como la reciente Copa de España de Aguas Interiores, que acogió la espectacular modalidad de Fórmula Kite que debutará en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Y ¿a qué viene todo esto en la contraportada de El Comarcal del Jiloca? Desde 2010, cuando se llenó por primera vez La Loteta, hemos sido testigos del crecimiento exponencial de la actividad deportiva en un lugar donde antes ‘solo había campo’. Algo que podemos volver a ver en nuestra comarca, concretamente en el embalse de Lechago.
Una importante y casi eterna obra que, por lo visto, difícilmente podrá ser rentable para los regantes a los que iba destinada. Pero puede tener un futuro muy digno si se destina a la explotación turística. Sin necesidad de grandes alardes, un pequeño embarcadero, una playa acondicionada o, incluso, un área de autocaravanas pueden ser suficientes para que florezcan negocios rentables y hasta hace pocos años impensables en nuestra tierra.
Eso sí, haría falta quitar los árboles y arbustos que asoman en el agua y que, incomprensiblemente, no se eliminaron antes de llenar el vaso del embalse. Su presencia dificulta el uso lúdico del pantano.
Solo hay que imaginarlo. ¿O quién le iba a decir a los ribereños del Ebro que un día surcarían las aguas de su embalse cientos de velas y cometas?

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