El renovado Gobierno de Aragón parece haber consolidado una hoja de ruta clara, pero que, por desgracia para quienes habitamos el territorio, no pasa por vertebrar la comunidad, sino por acelerar la centralización de los servicios públicos y vaciar de derechos a nuestros pueblos. Tras los discursos solemnes sobre la cohesión territorial y los grandes planes institucionales, la cruda realidad que afrontan nuestras localidades es la del desmantelamiento progresivo de lo más básico, dejando una sensación generalizada de abandono. La desconexión de los representantes políticos con la realidad del día a día de los municipios es cada vez más evidente. Volvemos al viejo esquema en el que la presencia institucional se empezará a limitar al paseo rápido para la foto oficial en época de pre campaña, o, peor aún, a la más absoluta ausencia. Mientras tanto, el goteo de medidas palpables que restan calidad de vida al entorno rural no cesa. El ejemplo más reciente es la posible supresión de un cuarto de centenar de oficinas liquidadoras de tributos en las comarcas, una decisión que obligará a los vecinos a realizar desplazamientos kilométricos para gestiones ordinarias, rompiendo la cercanía de la administración. A esto se suma el grave deterioro de la sanidad pública: la falta de pediatras en el medio rural condena a las familias a una desprotección intolerable, forzando a derivar las consultas de sus hijos a hospitales fuera de las cabeceras de comarca. Por si fuera poco, el decidido apoyo económico a la escuela concertada —cuya implantación se concentra de manera casi exclusiva en las grandes localidades— evidencia cuáles son las verdaderas prioridades del Ejecutivo, ensanchando la brecha educativa entre el campo y la ciudad en todas las etapas. El colmo del cinismo institucional llega de la mano de la Dirección General de Despoblación. Mientras el territorio pierde servicios esenciales a marchas forzadas, a sus responsables se les llena la boca organizando eventos y premios que, de forma casi paródica, la propia administración se otorga a sí misma para aplaudir su trabajo ordinario. Es la política del escaparate vacía de contenido. Disfrutemos de lo votado

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