En la comarca del Jiloca, de la actual provincia de Teruel, se encuentra esta pintoresca población, a más de 1200 metros de altitud, famosa, quizá, más por su castillo que por la propia localidad, que cuenta actualmente con 68 habitantes, casi la octava parte de los que tuvo a principios del pasado siglo. Cien años atrás, rondaba las 200 almas, época en la que Peracense pertenecía a la comunidad de Aldeas de Daroca, en la sesma del Río Jiloca, junto a una “veintena” larga de poblaciones, todas ellas pertenecientes hoy a la provincia de Teruel, como Monreal, Villafranca, Luco o Calamocha. En torno al año 1400, Peracense contaba con 9 casas, es decir, 9 fuegos, en torno a los 45 o 50 habitantes.

En el ámbito eclesiástico, a diferencia de otras aldeas, cuyas parroquias eran realmente vicarías pertenecientes a alguna de las parroquias de Daroca, Peracense era una rectoría, cuyo cura era la máxima autoridad de la parroquia, dependiente del obispado de Zaragoza. No fue hasta 1959 cuando se incorporó al de Teruel. Sobre su nombre se puede decir que no ha cambiado, desde que se conocen documentos, salvo en su grafía que ha ido evolucionando desde Piedrasolez, Piedraselz, Peracens o Peracense. Nombre que describe perfectamente el lugar en el que se encuentra la localidad, un entorno agreste, rodeada de rocas
Su iglesia, dedicada al Apóstol San Pedro, de un tamaño considerable, sin duda su monumento más importante, fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII y cuenta con una hermosa torre de piedra de casi 30 metros de altura. En el interior del templo se conservan varios retablos del siglo XVI.
Otros monumentos de interés son la ermita de la Virgen de la Villeta, en el mismo pueblo. Es de reciente construcción, sin embargo la talla de la Virgen titular es del siglo XIII y procede de otra ermita, ya desaparecida que se encontraba en la ladera del monte sobre el que se encuentra el castillo. Otra ermita a las afueras de la localidad, dedicada a San Ginés, ubicada en el monte del mismo nombre, junto a un torreón del siglo XV. Característico también de Peracense es el peirón de San Jorge
En 1811, Peracense, al igual que las demás aldeas de la Comunidad de Daroca, colaboró con víveres para las tropas españolas.
Sin duda, por lo que más se conoce a Peracense es por su magnífico castillo, bastante bien conservado y muy restaurado en los últimos tiempos, construido con piedras del entorno en el que se encuentra, por lo que en la lejanía parece estar camuflado entre esas rocas rojizas que caracterizan al terreno y la propia fortaleza. Ocupado ya desde la Edad del Bronce, tuvo su mayor apogeo durante la ocupación musulmana. Más tarde formó parte del sistema defensivo de la Taifa de Albarracín y posteriormente, con la expansión aragonesa hacia estas tierras pasó a ser propiedad de la Comunidad de Aldeas de Daroca, formando parte de una de líneas de fortalezas ante los castellanos. Terminada la Guerra de los dos Pedros fue convertido en cárcel de la Comunidad y posteriormente largos periodos de abandono y deterioro hasta la primera Guerra Carlista en que fue ocupado por un contingente del ejército liberal, adaptándolo a los tiempos de estas nuevas guerras.

La zona central de la fortaleza está sobre un escarpado rocoso rodeado de una irregular muralla perfectamente adaptada al terreno. Un segundo lienzo de muralla almenada rodea toda la fortaleza con varias torres con distintos niveles de saeteras. Las vistas, desde el castillo, son magníficas, pudiendo verse casi toda la totalidad del valle del Jiloca

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