María Sancho es actriz, docente y creadora rural. Lleva más de 20 años uniendo teatro, educación y compromiso social para acercar la cultura y las artes escénicas a el medio rural

Soy María Sancho y me cuesta definirme con una sola palabra. Soy actriz, sí, pero también me siento semilla, maestra y raíz de lo que hago. No soy de las que se queda esperando a ver qué pasa; entiendo que la vida, y sobre todo nuestra vida aquí en el pueblo, es una creación constante que no se detiene. Mi historia se escribe en el día a día, entre los escenarios y los caminos de tierra, entre las aulas llenas de niños con ganas de aprender y las plazas donde el teatro ocurre de forma natural y sin filtros.


Llevo más de veinte años trabajando en educación y arte dramático, lo que me ha permitido crear un lenguaje propio donde enseñar y actuar se abrazan. Para mí, dar clase no es soltar una lección, sino provocar una chispa; y actuar no es simplemente representar un papel, sino habitarlo de verdad. Con mi propia compañía, Dos Espíritus Teatro, busco crear desde la honestidad, mezclando la poesía con el humor y un compromiso social real. Nuestros espectáculos —desde el clown hasta el teatro social— están pensados para el encuentro: para reír, emocionarnos y pensar juntos. Me encanta conectar con todo el mundo: desde los más pequeños hasta las familias y comunidades enteras.


Pero si algo atraviesa todo mi trabajo es el cariño por nuestra tierra. No solo vivo en el medio rural, sino que me esfuerzo por defenderlo y transformarlo a través de la cultura. Formo parte de la red de Mujeres Artistas Rurales (MAR), donde trabajamos para dar visibilidad al talento femenino que existe lejos de las ciudades. Desde ahí, junto a un equipo comprometido, coordinamos, producimos y lideramos proyectos para llevar el arte a lugares donde a veces parece que no llega. Y cuando llega, os aseguro que tiene el poder de cambiarlo todo.


Soy madre y trabajadora, y sostengo esos equilibrios con la mayor naturalidad posible. Entre ensayos, talleres y los cuentos antes de dormir, he construido una forma de vida donde el arte siempre está presente y convive con los cuidados. Mi maternidad es un impulso y una fuente de inspiración y otra forma de mirar el mundo. En todo lo que hago, permanece una creencia firme: el arte es una herramienta necesaria, no un lujo.


Trabajo con el cuerpo, con la risa y con la palabra, pero sobre todo trabajo con las personas, porque el verdadero escenario es el vínculo que creamos entre nosotras. Más allá de la producción cultural, lo que me importa es la huella que dejamos: ver pueblos que vibran y jóvenes que descubren su propia voz a través de la creación colectiva. Al final, intento ser una creadora de mundos posibles, sembrando cultura donde otros ven silencio. Estoy convencida de que el arte, cuando nace de la raíz, puede florecer en cualquier lugar.

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