Inés de la Parra es ambientóloga y la investigadora
predoctoral de este proyecto que lleva 2 años en marcha

La palabra “vinilo” probablemente te sugiere un disco negro girando y dando vida a uno de tus cantantes favoritos. Para nosotros, VINILO es el nombre con el que bautizamos a un proyecto de investigación que recibió el apoyo del Gobierno de Aragón en 2024. Sin embargo, recuerdo claramente cómo nació en 2023.
Como ambientóloga, acababa de iniciar mi tesis doctoral en el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) bajo la dirección de Jorge Pey Betrán, experto en contaminación atmosférica y calidad del aire y un sol de persona. Mi trabajo se vinculaba al mundo del plástico, así que empecé a sumergirme en bibliografía sobre microplásticos: esos diminutos fragmentos de entre 5 mm y 1 μm que ya se encuentran en todos los ecosistemas y pueden resultar tóxicos.
La curiosidad se transformó en fascinación leyendo un experimento sobre ingestión de microplásticos en aves. ¿Podrían las aves transportarlos en sus migraciones? Enseguida apuntamos a la grulla común, majestuosa viajera que cada otoño atraviesa Europa rumbo al sur y hace escala por decenas de miles en la Laguna de Gallocanta, muy cerca de mi pueblo materno, Aldehuela de Liestos. Quizás estas aves podrían ingerir microplásticos involuntariamente al alimentarse o beber agua y después dispersarlos a grandes distancias a través de sus excrementos. Una idea tan inquietante como apasionante.
Así, junto con Isabel Marín Beltrán, comprometida investigadora en microplásticos y codirectora de mi tesis, y Blas Valero Garcés, especialista en reconstrucción de cambios ambientales, dimos forma al proyecto VINILO. Nuestro objetivo: identificar principales fuentes y sumideros de microplásticos en la Laguna de Gallocanta, con el foco puesto en los visitantes más numerosos y fieles: las grullas.
De estas aves migratorias estudiamos, precisamente, si existen diferencias entre los microplásticos que excretan al llegar y antes de regresar al norte de Europa. También analizamos los suelos agrícolas colindantes, ya que la agricultura, tan arraigada en la cuenca de Gallocanta, genera microplásticos que pueden no solo llegar a la laguna sino, además, formar parte de la dieta de las grullas.
Otro camino de entrada son los procesos naturales físicos como las aguas de escorrentía que descienden por los barrancos y el transporte atmosférico, mediante el cual los microplásticos suspendidos en el aire viajan con el viento hasta depositarse en otras zonas, especialmente acompañados de lluvia, nieve o granizo. Para comprender este fenómeno, recogimos mensualmente muestras de precipitación durante un año.
La laguna, además, late con vida humana. En verano las fiestas patronales multiplican la actividad en los pueblos y también los residuos. En colaboración con AQLARA, analizamos las aguas depuradas de Bello y Tornos para detectar la presencia de microplásticos.
Al mismo tiempo que estudiamos las fuentes, observamos los sumideros: el agua y el sedimento de la laguna, de los que hemos tomado muestras mensuales durante un año. También disponemos de un sondeo de la laguna, una sucesión de capas de sedimento acumuladas con el tiempo que narra la historia ambiental de Gallocanta desde comienzos del siglo XX. Su análisis, dentro del proyecto PLASTIGAL financiado por el Instituto de Estudios Turolenses, permitirá reconstruir la evolución de la contaminación por microplásticos.
VINILO está suponiendo un reto en muchos sentidos, desde abordar de manera integral un tema complejo que a nivel científico todavía se está estandarizando hasta abrir un nuevo campo de estudio en los laboratorios del IPE-CSIC. Sin embargo, promete resultados útiles para el conocimiento, así como para la gestión y conservación de la Reserva Natural. Y eso que el trabajo de campo bañado por los intensos atardeceres que regala esta laguna y amenizado por el trompeteo de las grullas, sin duda, vale el calor, frío, viento y barro a los que esta tierra nos tiene acostumbrados.
