Patro García Muñoz es profesora jubilada y cuenta con un recorrido profesional y personal de treinta y cinco
cursos en el IES Valle del Jiloca de Calamocha.
Alumnos, evaluaciones, disciplina, ratio, selectividad, convivencia… son palabras que acompañan a cada curso escolar. La enseñanza no es una profesión sencilla: exige dedicación dentro y fuera del aula, tenacidad, equilibrio emocional y un firme propósito educativo. Cultivar todo ello requiere esfuerzo y constancia.
Valorar una trayectoria profesional de treinta y cinco cursos en un mismo centro, como es mi caso, conlleva un ejercicio de reflexión. Comencé en el curso 1989/90 en la Escuela Oficial de Idiomas de Alcañiz, impartiendo inglés. Al año siguiente accedí como interina en el actual IES Valle del Jiloca, centro en el que he desarrollado toda mi carrera hasta mi jubilación en agosto de 2025. Mis conocimientos iniciales sobre la enseñanza se reducían al Curso de Adaptación Pedagógica, donde se adquirían nociones de psicología y pedagogía, pero poco o nada de lo que realmente implica enseñar a un grupo de adolescentes, integrarse en un claustro o participar en los órganos de gestión de un centro.
Los primeros años fueron de intenso aprendizaje. A través de la formación ofrecida por los Centros de Profesores de Calamocha y Teruel me formé en didáctica del inglés, en el uso de las tecnologías de la información y en los cambios derivados de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), que se consolidó en el instituto en el curso 1996/97. Esta etapa me llevó a ser más reflexiva en la preparación e impartición de las clases y a desarrollar una mirada abierta a la vida del centro. En ese proceso aprendí también de quienes habían sido mis profesores y con el tiempo pasaron a ser mis compañeros, ya que cursé en este instituto el BUP y el COU.

Pronto entendí que era momento de implicarme de manera más activa. Formé parte del Consejo Escolar desde el curso 1993/94 hasta el 2007/08. Además, fui miembro del equipo directivo como jefa de estudios durante cinco cursos consecutivos, entre 1995/96 y 1999/2000. Aquellos años coincidieron con una etapa de profunda transformación: el paso de institutos de bachillerato a institutos de educación secundaria, la incorporación de 1.º y 2.º de ESO, el modelo de centro de integración y la llegada de la Formación Profesional con el Ciclo de Industrias Alimentarias. Esta experiencia me permitió adquirir una visión global del sistema educativo y comprender el valor del trabajo en equipo, siempre con el respaldo de la dirección.
Tras dejar la jefatura de estudios, necesité un periodo de adaptación que me llevó a replantearme mi lugar profesional y a reinventarme. La formación en resolución de conflictos, dimensión europea de la educación, educación social, investigación en el aula y atención al alumnado inmigrante no solo amplió mis competencias, sino que me permitió coordinar dos proyectos de innovación —Trabajando juntos y El portfolio como herramienta de trabajo— y compartir las conclusiones en jornadas de buenas prácticas.Todo ese proceso fue dando forma a mi propia manera de enseñar y de vivir el aula.
Con la experiencia acumulada, llegó el momento de compartir lo aprendido. Entre 2007 y 2015 impartí formación a docentes y futuros profesionales a través de los Centros de Profesores, tanto en metodologías globales como en didáctica de lenguas extranjeras, además de colaborar en publicaciones educativas.

La creciente diversidad del alumnado, el desarrollo de las tecnologías y el impulso a las lenguas extranjeras me llevaron a profundizar en metodologías activas y en el aprendizaje basado en el pensamiento, siempre desde la convicción del aprendizaje entre iguales.
Los cursos 2019 y 2020, marcados por la pandemia de la COVID-19, supusieron un punto de inflexión: la enseñanza híbrida transformó la comunicación, la convivencia y el funcionamiento de los centros, acompañada de una burocratización creciente.
Hoy, tras siete leyes educativas y catorce equipos directivos, en mi caso, los institutos siguen siendo espacios seguros, pero cada vez más complejos y exigentes para el profesorado. Compartir experiencias y aprender de otros es clave, aunque por el momento, se carece de este tiempo en la jornada escolar. Es, sin duda, un reto pendiente.
