Pasaba por aquí

Mar 3, 2022

POR JESÚS BLASCO

En el común de los libros de texto, ni se menciona el trascendental suceso de la batalla de Cutanda, ignorada igualmente en volúmenes especializados o, en el mejor de los casos, despachándose con una línea o poco más haciendo alusión al hecho histórico acontecido hace novecientos años, que cambió el curso de la historia. Hartos de tan injusto silencio, quedó constituida en 2015 la Asociación Batalla de Cutanda con el honroso menester de poner en valor aquellos hechos de los que siendo niños tuvimos primeras referencias gracias a la paremiología de nuestros abuelos con aquello de «Peor fue lo de Cutanda».


Si con personal y medios resulta dificilísimo sacar adelante cualquier proyecto, hay que discurrir bien poco para darse idea de lo que han pasado y siguen pasando aquella veintena de intrépidos fundadores de la asociación que se pusieron el mundo por montera y que, aún sin cumplir los siete años de andanzas, han conseguido despertar el interés y simpatía de los comarcanos, de las instituciones y de cuantos les empieza a sonar la gesta cutandina, como excelente reclamo para que en algún momento vengan a conocer el kilómetro cero de tan importante efeméride.


En tan poco tiempo, se ha pasado de la nada más absoluta a disponer de material merchandising, talleres sobre textiles y conocimiento de vestimenta histórica, conferencias y presentaciones de libros, vídeos de iniciación a la gastronomía del siglo XII, prospecciones con georadar, catas y escaneado del terreno con cámaras multiespectrales en busca del fosal, cursos para formación de guías locales, recreación anual de la batalla y, entre otros objetivos, la ansiada inauguración del Centro de Interpretación de la Batalla.
Las sencillas instalaciones tras reconvertir un almacén de grano en centro de interpretación es el primer paso para saldar una deuda con la historia que durante nueve siglos ha descansado en la memoria colectiva y en referencias escritas al alcance de muy pocos. Y así, atravesando las automatizadas puertas de cristal del susodicho centro, se accede al primer compartimento, dedicado al contexto histórico en el que tiene lugar la batalla. De ahí, se pasa a un segundo espacio dedicado al equipamiento militar, con trajes de infantes y caballería, y una breve exposición de cuchillos, lanzas, ondas, flechas y escudos, complementado con paneles explicativos reforzando las documentadas indicaciones del guía que invita a pasar a un tercer espacio, en el que, durante unos minutos, se disfruta de un logrado audiovisual que recoge las últimas etapas de las tropas almorávides hasta llegar a la fortaleza de Cutanda. Finaliza la visita con la última zona, dedicada a las consecuencias y curiosidades de la gesta para ver, entre otras cosas, la foto del vaso, botín de guerra, de Leonor de Aquitania expuesto en el museo del Louvre, así como sendos peirones conmemorativos del hermanamiento con Santa Elena, en Despeñaperros.


Tras la visita se consigue sobradamente el objetivo del edificio y queda meridianamente claro en el ánimo del visitante la importancia del enfrentamiento de dos poderosos ejércitos que, con su hazaña, nos cambiaron la vida; pero, a su vez, se tiene la sensación de que la tenacidad de todo un pueblo -en este caso, los cutandinos- está detrás de todos estos logros que están acabando con novecientos años de silencio.
Con la mirada puesta en la recuperación del castillo, quedan aún muchísimos objetivos por alcanzar. El primero de todos, la puesta en marcha cuanto antes de este centro inaugurado hace tres meses, mediante la cesión de su gestión a la Asociación Batalla de Cutanda. Atraer concurrencia a donde hay que ir de propio será un nuevo reto para quienes tanto empeño han puesto en el proyecto, porque esperar a ver quien llega con lo de «Pasaba por aquí y he visto el letrero» mejor lo dejamos para otro día.

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