Oleg vivió una experiencia de voluntariado arqueológico que transformó por completo su forma de entender el pasado

Oleg llegó a Villarroya del Campo como quien entra en un mapa desconocido, y se fue dejando huellas en la tierra y en las personas. Entre excavaciones donde aparecían fragmentos de cerámica celtibérica y restos de épocas pasadas, descubrió que el pasado también se entiende mejor cuando se toca con las manos.
Pero su historia no fue solo de arqueología: también fue de plazas llenas por las fiestas, de risas con niños, de guitarras en noches largas y de mesas donde, durante un tiempo, nadie era del todo extranjero.
En ese rincón de Aragón, Oleg no solo participó en una excavación: también se integró en la vida diaria de un pueblo que terminó siendo parte de su experiencia. Y él, a su vez, quedó ligado a sus gentes, sus momentos y sus despedidas.
La carta en la que narra su vivencia es un testimonio claro y cercano de todo ese recorrido. Oleg recoge en ella el día a día del campo de trabajo: las excavaciones arqueológicas, la convivencia con otros voluntarios y la vida del pueblo. Aparecen las cerámicas antiguas, las fiestas celtibéricas, los juegos con niños, las noches en el bar y la hospitalidad de los vecinos como partes de una misma experiencia compartida.
Carta de Oleg:
Mi experiencia en el campo de trabajo internacional de Villarroya del Campo ha sido excepcional. Desde el primer día, la gente que conocí en el campo fue muy amable y servicial. Todos, desde los coordinadores hasta los voluntarios y los lugareños, fueron increíbles. Creo que todos creamos un vínculo especial, y en el centro de todo estaba el pueblo.
Como voluntarios, entendimos que nuestro objetivo era realmente ayudar al pueblo y a los lugareños a dar vida a Villarroya del Campo durante las fiestas, así como a largo plazo. Los días de las fiestas celtibéricas y del pueblo estuvieron llenos de acontecimientos. Ayudamos en los preparativos confeccionando nuestros trajes celtibéricos, que lucimos con orgullo, y preparando las mesas y los espacios exteriores. La fiesta celtibérica fue una experiencia única en mi vida; nunca había visto nada parecido. ¡Fantástico!
El trabajo arqueológico principal en la cima de la colina del Campo ha sido fascinante y, para ser sinceros, a veces también desafiante. Nunca antes había excavado un yacimiento arqueológico y fue interesante hacerlo por primera vez. Encontramos muchas cerámicas que datan de los periodos celtibérico y de la República romana. No hay nada como tocar una pieza antigua que no ha sido tocada durante miles de años. El trabajo fue muy bien dirigido por el arqueólogo principal, Guti, un profesional muy competente y con el que es muy divertido trabajar.
Guardaré un recuerdo muy especial de muchos momentos del campo de trabajo. Pasamos muy buenos ratos con todos los habitantes del pueblo. Destacaré algunos, como las divertidas comidas y cenas con los estupendos voluntarios y con nuestros increíbles coordinadores, Beatriz y Rubén. Los divertidos juegos con los increíbles niños del campamento de día en Daroca con mis compañeros voluntarios Pandora, Ángel y Carlo. Eso fue especial. La estupenda fiesta en casa organizada por Jesús, donde tocó la guitarra en solitario algunas canciones de Eric Clapton. ¡Bam! El alcalde José fue muy amable y acogedor; los voluntarios lo agradecieron. La increíble comida preparada por el chef Capi. Los partidos de fútbol que organizamos y jugamos con los niños del pueblo, siempre divertidos, siempre respetuosos. Las divertidas reuniones nocturnas en el bar organizadas por Pablo, el dueño del restaurante y bar, fueron magníficas. Como voluntarios, nos encantaba pasar el rato en el bar. Jugar a los dardos y al futbolín era una pequeña batalla divertida cada vez. La amabilidad y la sinceridad de Pablo me sorprendieron. Gracias a todos los que conocí; espero que como voluntarios hayamos podido dejar un rastro positivo a nuestro paso.
En general, creo que esta experiencia me cambió de forma positiva. Soy mejor persona en parte gracias al tiempo que pasé en Villarroya, que ahora es un lugar especial para mí. También sigo en contacto con bastantes personas del campamento de trabajo voluntario y del pueblo. Ahora son mis amigos.
Estoy deseando volver algún día y ver a todos de nuevo. Les deseo a todos un buen fin de año y un próspero año nuevo.
¡Hasta pronto!
