Un lugar en el sol

Verdaderos ángeles, lo son. Me refiero al Servicio de Teleasistencia que depende del Ayuntamiento de Zaragoza, ciudad en la que resido. Como usuaria desde hace tiempo, creo que es justo y necesario reconocer su profesionalidad y la labor social que lleva a cabo. La empresa Atenzia se ocupa de la gestión de programas de prevención y atención permanente dirigidos sobre todo a personas mayores, mujeres embarazadas, pacientes crónicos o convalecientes y discapacitados.


Doy fe de que sus empleados son hombres y mujeres que desempeñan su actividad con pericia y empatía, conociendo muy bien los azares del día a día. El interés y el afecto demostrados van mucho más allá de lo que se espera de ellos. A veces la vida puede examinarte con dureza y es en esas circunstancias cuando valoras la calidez de una mano amiga. Siempre que he solicitado la ayuda de Atenzia, han respondido de manera inmediata y se han puesto a mi disposición sin reparo alguno.


Sabemos sobradamente que la bondad, claro síntoma de inteligencia, no cotiza como valor en esta época de individualismo y ambición desmesurados. La corriente imperante va por otros cauces, por el de la insolidaridad, por el de la ingenua satisfacción que da pertenecer al club de guapos y famosos… Y tanto es así que nuestra indiferencia ante la falta de humanidad ha encallecido sin apenas darnos cuenta. En consecuencia, sorprende y emociona encontrar prestaciones como las de Teleasistencia, personas de esta índole. La realidad, triste realidad, es que no abundan en la sociedad actual.


Deseo, pues, dejar constancia del buen hacer del Servicio de Teleasistencia, gracias al cual muchas familias nos sentimos más tranquilas y acompañadas en situaciones complicadas de salud.

P. D.: Me gustaría que algún responsable del Ayuntamiento leyese esta carta y tomase nota.

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