En muchas ocasiones, en los numerosos debates que se hacen sobre la “España vaciada”, se comete
el error de buscar soluciones complejas y a gran escala, olvidando que el latido de un territorio suele
recuperarse a través de lo pequeño, lo cercano y lo bien ejecutado. El medio rural no necesita siempre
proyectos faraónicos; necesita oportunidades que se puedan tocar, oler y saborear, como ha quedado
demostrado recientemente en la Comarca de Daroca. Las Jornadas de la Trufa Negra de Daroca han
sido mucho más que un evento gastronómico; han funcionado como un punto de interés para un pueblo
en el que no hay más de cien habitantes. Las calles de Manchones se llenaron de cientos de participantes,
vecinos y visitantes. Detrás de este fin de semana de éxito hay una enorme red de personas
que se vuelvan en su organización, un esfuerzo humano que entiende que el detalle es lo que marca
la diferencia. Este dinamismo, sumado a las jornadas de patrimonio y los eventos deportivos, está
logrando que nuestros pueblos recuperen el pulso, al menos, durante los fines de semana. Aunque el
impacto económico total esté aún por cuantificar, el impacto social que este tipo de eventos tiene para
las comarcas es más que evidente. Sin embargo, el éxito no es un estado permanente, sino una labor
de mantenimiento. Si miramos hacia la vecina Comarca del Jiloca, observamos el riesgo de caer en lo
rutinario. Cuando los proyectos no se renuevan o no se adaptan a las nuevas demandas, el territorio se
estanca. El mayor peligro para el medio rural no es la falta de ideas, sino la falta de evolución o, peor
aún, la exclusión de su propia gente.
Para que un evento tenga sentido, debe nacer y crecer con el territorio. De nada sirve organizar un
evento de talla internacional si los servicios los prestan empresas de fuera mientras las locales quedan
al margen por rifirrafes personales. La riqueza debe quedarse en casa. Apostar por nuestro entorno
significa creer en nuestras empresas y en nuestra gente. El reto para las próximas ediciones de la Trufa
y para cualquier nuevo proyecto en el Jiloca es claro: profesionalidad unida a la cercanía. Es muy importante
saber vender lo que somos sin perder la esencia. Llenar los municipios cada fin de semana no
es solo una meta turística, es la base para que, poco a poco, la vida se quede también de lunes a viernes.
