
Las de todos, la tuya también, anónimo lector. Cuando paseo por la ciudad, acostumbro a sentarme en el banco de un parque o en la silla de una terraza y ahí, tranquila, procuro observar, elucubrar sobre la vida de este que casualmente se sienta a mi lado o de aquella que camina con aparente gesto de preocupación. Resulta divertido, por fantasioso y extraño, me permite inventar narrativas de existencias imaginadas. Son vidas sin relieve, que no dejarán huella en ningún libro, seguro, pero encuentro en ellas un perfecto reflejo de la mía: sus fragilidades y deseos, sus ambiciones y miedos son los míos, pues todos nos maquillamos con los mismos colores aunque de tonalidades diferentes, en definitiva.
Tic-tac canta el reloj en su monótona melodía, mas yo no comprendo la letra. Porque ese tiempo dictado no es el mío, me es ajeno. Aquí son las doce y en Nueva York las seis de la mañana, así que qué transcendencia tiene la hora tratándose de un hecho casual. El paso por este mundo es fortuito y azaroso, si no, cómo explicar la fortuna de nacer en esta parte del planeta, blanca, democrática y desarrollada, frente a la desgracia de hacerlo a unos cuantos kilómetros más al sur, por ejemplo, en medio de guerras, tiranías y hambrunas. Acabo de oír una noticia que cuenta el desalojo de varios centenares de migrantes llevado a cabo por la policía en un instituto abandonado de Badalona, personas sin vivienda pero también sin presente y con un aciago futuro, me atrevo a añadir. ¿A dónde habrán ido, quién los acogerá una vez fuera del viejo y ya enladrillado instituto? A esta hora siguen en la calle, entre la lluvia y el frío. Siguiente suceso.
Vidas quebradizas que se pueden rasgar en cualquier momento por el destino o por una decidida voluntad. Nos creemos a salvo del olvido, es más, necesitamos perdurar en la memoria de los otros. De manera ingenua nos agarramos a su reconocimiento, a su efímera opinión gratuita a sabiendas de que al final seremos polvo, solo eco.
Vidas mínimas y sagradas.
Dicen que la ciudad luce espléndida y entrañable,
es Navidad.
