La comarca del Jiloca fue testigo de varias tragedias ferroviarias con fallecidos a lo largo del siglo pasado

Tras lo sucedido con el trágico accidente ferroviario de Adamuz el pasado 18 de enero a muchos habitantes del Jiloca les vino a la mente otro número dieciocho, el 18 de diciembre de 1966. Esa fría mañana de invierno a escasos 2 kilómetros de la estación de ferrocarril de Villafranca del Campo tuvo lugar otro accidente de tren en el que perdieron la vida 30 personas.
A las 7:05 de la mañana salió de Teruel un tren Renault ABJ que cubría la línea Teruel-Zaragoza. Una hora más tarde, aunque con algunos minutos de retraso, ese convoy que transportaba pasajeros llegó a la estación de Villafranca del Campo y continuó con su trayecto sin pensar que poco más tarde impactaría frontalmente con otro que transportaba vagones de mercancía vacíos. El segundo tren estaba conducido por una locomotora diesel serie 1900 y circulaba desde la frontera francesa con Irún hasta Valencia, desde donde había transportado cítricos, llegando a Villafranca del Campo con casi 8 horas de retraso, por lo que todos sus cruces se realizaron sin programación previa.


La mañana del 18 de diciembre de 1966 fue especialmente fría en la zona y le acompañó una densa niebla. El despachador quiso cruzar los dos convoyes en Villafranca del Campo y para ello estableció la señal de entrada para el tren de pasajeros en “viaje libre” y la señal de salida para el tren de carga en “parar”. El conductor de la locomotora de carga no vio la señal que le indicaba que debía detenerse a causa de la densa niebla y atravesó la estación, donde los propios trabajadores también trataron de hacerle frenar sin éxito. Así pues, ambos trenes circularon por la misma vía en direcciones opuestas a unos 80 km/h, y de nuevo debido a la niebla, ninguno de los conductores se percató de la presencia del otro hasta que fue demasiado tarde para frenar. El impacto se produjo entre las 8:05 y las 8:10 de la mañana. La locomotora de carga destrozó por completo el primer vagón de pasajeros, que era donde viajaba la gran mayoría por indicación del interventor ya que la calefacción funcionaba mejor allí.

Dos vecinos de la zona que tenían 16 y 18 años por aquel entonces recuerdan que en el tren viajaba gente de las localidades cercanas, muchos de ellos de Monreal del Campo “los que se salvaron fue porque ya no quedaban sitios en el primer vagón y se tuvieron que ir más atrás, el tren se partió como si fuera una barra de pan”. Pero no solo fue el impacto, la parte trasera del tren se plegó hasta la cabecera, el diesel se incendió y prendieron los escombros, lo que aumentó el número de víctimas “desde el pueblo olíamos a carne quemada y todos fuimos a ver qué había pasado, cuando llegamos estaban sacando a gente quemada de entre los hierros”.30 personas murieron y 12 más resultaron heridas según los registros oficiales, aunque algunos vecinos de la zona aseguran que pudieron ser hasta 70 u 80.

Este es el accidente más reciente en la zona, pero no el único.
Hay que remontarse al verano de 1904 para poder encontrar el mayor accidente ferroviario registrado en la historia de la compañía del Central de Aragón (el accidente de Villafranca de 1966 ocurrió ya en la etapa de Renfe), el descarrilamiento de un tren las cercanías de Luco de Jiloca, la conocida como “tragedia de Entrambasaguas”. Ocurrió a la altura del puente del río Pancrudo cerca de la desembocadura de este en el río Jiloca, debido a una fuerte tormenta caída durante la tarde noche del 22 de junio. Ese día el río experimentó un fuerte aumento de caudal, tanto que el agua llegó a alcanzar la propia estructura del puente y dejó sin soporte y sin parte de vía un trozo del mismo. El tren correo número 6 circulaba en dirección a Calatayud, formado por locomotora con ténder y cuatro vagones: uno de correos, dos de pasajeros y uno de mercancías en cola. Al quedar la vía sin apoyo la locomotora del tren cayó en el socavón y se empotró entre el puente y el terraplén; aunque no fue un movimiento brusco provocó que la carga de carbón llegase hasta la caldera y se incendiase. El camión correo fue el primero en arder y el fuego se extendió al resto de vagones, incluidos los que habían quedado encima de las vías.
De las 61 personas que viajaban 5 murieron y 18 más resultaros heridas, además algunos viajeros se subieron a ramas o a trozos de hierro del propio puente y tuvieron que ser rescatados.
La trajedia suscitó una gran indignación entre los habitantes de la zona. Se acusó al operador ferroviario de no hacer caso a los avisos que llegaron sobre que el agua había alcanzado las vías, también se apuntó a una mala construcción del puente y creció en la opinión pública la opinión de que este tipo de accidentes quedaban impunes al estar la compañías ferroviarias de la época relacionadas con la esfera política de Madrid. Finalmente un informe zanjó el tema de las responsabilidades y exoneró al operador, pero los habitantes de la zona no cambiaron de opinión y siguieron culpando a la Compañía de Ferrocarril del suceso

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