En este destacado cumpleaños, recuerda su vida, marcada por la sobriedad y los avances logrados en su pueblo

Luis de Val, exalcalde de Calamocha, ha cumplido 100 años

“Con ganas de volver a empezar”, así responde Luis del Val a la pregunta sobre cómo se siente al cumplir 100 años. El que fuera alcalde de Calamocha entre 1960 y 1966, ha alcanzado este 15 de enero su cumpleaños número cien.
Asegura que ha llevado una vida sobria y que el secreto o la clave para lograr este aniversario es “la sobriedad ante todo”.
Este cumpleaños, aunque más especial, no trae grandes festejos, ya que este vecino de Zaragoza lo celebra junto a su familia, “vendrán todos y comeremos en casa”, comentaba en una entrevista esta semana.
A sus cien años, su rutina es tranquila: “Salgo constantemente a la calle, leo la prensa, literatura y me ocupo de pequeñas cosas del despacho”, relata.
De toda su vida, desde su nacimiento en 1926, destaca los recuerdos que guarda junto a su esposa, María Dolores. “La he amado con todas mis fuerzas, era una persona maravillosa y culta”, dice orgulloso, y recuerda sus viajes juntos por Europa, Asia y América.

El logro del agua corriente
De su etapa como primer edil de Calamocha, subraya un logro muy importante en la historia de la localidad: “Me siento orgulloso por haber llevado el agua a cada casa de Calamocha, ya que la gente carecía del agua en sus casas, y así se acababa con enfermedades crónicas y graves”.
Para ello, comenta, fue imprescindible insistir a la Diputación y consideró esta actuación “una cosa muy necesaria”, a la vez que “difícil y costoso”, para lo que contó con la ayuda de las autoridades, “sobre todo de Madrid y también con aportación individual voluntaria de los ciudadanos”.
Después de este avance, “procuré que pusieran un repetidor para ver la televisión, también nos ocupamos del espacio urbano, pavimenté las calles, además de ordenarlas y encargarnos de las aceras”, cuenta el centenario, mostrando su orgullo por estos hechos y por “haber hecho la vida moderna normal, agradable y sana”. Su labor como alcalde le llevó a que el Estado le hiciera comendador de número de la Orden del Mérito Civil “por todo el esfuerzo realizado en Calamocha”, apunta.
Para del Val, Calamocha es “un pueblo tranquilo, completo, agradable, que goza de unos alrededores maravillosos”. Señala que ha pasado de 2.500 a 5.000 habitantes, “es una población maravillosa y ejemplar”, añade.
Recuerda el cariño del pueblo, porque su pueblo, dice, le propició siempre cariño. “Siempre fui un hombre cariñosamente tratado, recuerdo la laboriosidad, como principal cuestión, y ocuparme de las cosas principales del pueblo, aparte de mis ocupaciones, como es natural. Calamocha siempre me tuvo un gran cariño, es un pueblo muy laborioso, de emprendedores y trabajadores”, detalla. “Calamocha me ha dejado muchos amigos”, añade.
De su pueblo natal se queda con su despacho, donde afirma haber sido feliz, recibiendo a la gente de los pueblos y conversando con ellos. Y defiende que no se deben perder sus “famosas fiestas, con sus bailes y alegría”.
Luis del Val trabajó como almacenista, era propietario en Calamocha de un almacén de coloniales, a través del que distribuía productos de alimentación, siendo este almacén uno de los primeros mecanizados.
Vivió tres cuartos de su vida en la capital del Jiloca, hasta 1973, cuando se mudó a Zaragoza. Padre de dos hijos, sigue disfrutando a sus cien años la vida junto sus dos nietos y, desde hace seis años, lo hace con una inmensa emoción y mayor ilusión con su bisnieto.

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