UNO QUE SE JOPÓ

Artículo donde se da cuenta de un acontecimiento tan insólito como desapercibido ha pasado. Mientras parte de los jilocanos andan distraídos y aún cegados, aguardando un efímero eclipse, Báguena ha decidido mirar más allá. Se dio a conocer en dicho lugar, el pasado 14 de abril, la extraordinaria noticia de que uno de sus más insignes y cultivados hijos, don David Pardillos, sería nombrado Cronista Oficial.


Aquella misma tarde charlamos, nos reímos; tiré de veteranía: «Ya tengo chófer», le dije. Se sorprendió de que no haya más cronistas en Teruel. «Bienvenido, todo está por hacer», y me tomó la palabra.


Se nos abre un mundo de posibilidades: tal vez crear una asociación, peña, colla… ¿quién sabe si una academia? Aunque a mi edad me conformaría con una Sociedad Gastronómica de Cronistas del Jiloca, sobre todo por su vino en vías de recuperación. A escape escribí a Juan Alonso Resalt, presidente de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales: «Mi querido presidente, por fin puedo dar una buena noticia: el pueblo de Báguena, en la comarca del Jiloca, provincia de Teruel, a escasos kilómetros de Calamocha, nombrará el próximo 23 del corriente, Día de Aragón, Cronista Oficial a don David Pardillos, hijo del lugar, profesor de Historia en el instituto de la villa de Calamocha, alma mater del Centro de Estudios del Jiloca, trabajador incansable». Radiante y emocionado, no cabe en sí de gozo: «¡Ya no estoy solo en Teruel!».


Días después me adelantó el discurso de aceptación del cargo, resultando halagador para todos, incluso para mí. Eran unas palabras tan acertadas como sentidas, de amor hacia su pueblo y sus gentes vivas, muertas y venideras. En especial estas últimas, aquellas por las que debe escribir de ahora en adelante.


Agradecido y con responsabilidad he aceptado el cargo de Cronista Oficial. Intentaré ser honesto en el relato, que alejaré —porque así debe ser— de cualquier opinión política personal. Intentaré recoger, a modo de crónica, los principales acontecimientos públicos que acaezcan en el municipio, para que nuestros descendientes puedan saber qué aconteció en el día a día de los bagueneros del segundo cuarto del siglo XXI.


Algún día, cuando emerja un tercer cronista de las aguas del Jiloca, él será el padrino («el que venga detrás que arree»). Por lo pronto, y como es normal, llega con ideas propias y ganas de hacer muchas cosas, llevándome por la calle de la Amargura. Ahora escribimos a cuatro manos para los Cuadernos del Centro de Estudios del Jiloca una arenga en pro del nombramiento de nuevos cronistas y, después, planeamos una gira veraniega por los ayuntamientos del país del Jiloca con el fin de vender la figura del cronista, o sea, la inmortalidad de sus costumbres y gentes, lo cual, mi querido alcalde, debería venderse solo. Y después, publicar una sección fija en esos mismos cuadernos con las crónicas del fin del mundo, del fin de nuestros pueblos. ¡Que San Martín, cuando no con la escoba, con su capa, nos asista una vez llegado el invierno, el frío y la soledad!


Ecos de sociedad: su nombramiento, en las fiestas de San Jorge, las cuales me aseguran no tienen comparación alguna en la comarca, contó con la ausencia de doña Elvira Lahoz y su marido, por hallarse en Castellón. «No sé cuándo duerme este chico», comentó Elvira. «Anda terminando la Historia de Calamocha I, ni puede ni debe dormir», le expliqué, temeroso como vive el novel cronista, no de Dios sino de don José María De Jaime, recién nombrado miembro de la Real Academia de Cultura Valenciana en su calidad de segorbino.


Un mes después, el 12 de mayo, David me escribió, y, advertido de la realidad del cronista no siempre grata, comentó: «Hoy anoto en la crónica de Báguena el primer deceso».

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