Natural de Andorra (Teruel), David Molina de Toro se asentó en Calamocha por amor y hoy dirige un centro dedicado al Boxeo, Kickboxing y la nutrición deportiva

David Molina de Toro
En primer lugar, me presento: soy David Molina de Toro y quiero contaros mi recorrido en el apasionante mundo de las Artes Marciales y los Deportes de Contacto. Desde que tengo uso de razón he practicado este tipo de deportes. Mi abuelo, Vidal de Toro, me los inculcó desde muy pequeño. Recuerdo entrenar con él en casa cuando apenas tenía tres años. Ese mismo año me apuntaron a Taekwondo en la escuela M. Díez de Andorra (Teruel), con el maestro Manolo, quien me enseñó valores fundamentales como el respeto, la constancia y la disciplina.
A los cinco años participé en mi primer campeonato. Aún recuerdo la preparación, los duros entrenamientos y los nervios antes de la primera pelea.
Continué compitiendo hasta lograr seis títulos consecutivos de Campeón de Aragón en distintas categorías y llegar a ser Campeón de España Junior. Tras obtener el cinturón negro, empecé a descubrir otras disciplinas como Boxeo, Kickboxing, K1 y Muay Thai, aunque el Taekwondo sigue siendo la base de mi estilo y mis patadas mi principal arma.
Me mudé a Calamocha porque vivía mi mujer Silvia y acabábamos de ser padres, y allí comencé a practicar Kickboxing por mi cuenta. El tiempo era limitado y entrenaba en solitario hasta que conocí a mi maestro Sergio Esteban en la escuela Teruel Fight. Con él perfeccioné aspectos clave de K1 y Kickboxing y retomé las competiciones. Sin embargo, los desplazamientos constantes a Teruel eran complicados, por lo que volví a entrenar por mi cuenta en un tatami del Polideportivo de Calamocha.
Un día, mientras entrenaba, entraron dos chicos curiosos por lo que hacía. Tras hablar un rato, les invité a entrenar conmigo. Días después volvieron para pedirme que les enseñara. Uno de los valores más importantes que me han inculcado las Artes Marciales es ayudar siempre a los demás, así que acepté encantado. Comencé entrenándoles dos días por semana y, cuando no podíamos usar el tatami, entrenábamos en un garaje. Poco a poco se fue sumando más gente y el número de alumnos creció.
Durante ese tiempo obtuve un Máster de Entrenador Personal especializado en Dietética y Nutrición Deportiva y logré el cinturón negro de Kickboxing, del cual actualmente soy 3º Dan. Preparé a mis alumnos para competir y juntos participamos en el Mundial IAKSA-WKL, logrando podio con los tres alumnos que llevé.
Después de aquel mundial supe que tenía que dar un paso más. Llevaba tiempo con la idea de abrir un espacio propio con mejores instalaciones y horarios. Mi amigo y hoy socio Miguel me propuso hacerlo juntos y, con el apoyo incondicional de mi mujer y mi hija, decidí abrir Golden Kick Academy en Calamocha, un lugar donde transmitir valores como respeto, humildad, constancia y disciplina. Elegí este lugar porque no existía nada similar en la zona y siempre soñé con crear un gimnasio donde ayudar a las personas no solo físicamente, sino también a nivel personal.
Hoy la academia cuenta con más de 150 alumnos que practican Boxeo, K1, Kickboxing, Defensa Personal, musculación o reciben asesoramiento nutricional. Somos una gran familia. Además, he sido nombrado delegado de Aragón de la WKL y promovemos eventos deportivos y actividades formativas. Más allá de las medallas, lo más importante para mí es que los alumnos aprendan, disfruten y vivan este deporte con pasión.
Por último, pero no menos importante, quiero agradecer a todas las personas que me han apoyado en este camino.
A mi mujer, que ha estado siempre en las buenas y en las malas. A mi hija, por quien lucho cada día. A mis padres, a mis abuelos y, en especial, a mi abuelo Vidal, que falleció hace poco pero sigue conmigo en cada paso. Gracias a todos, de corazón.

