
La democracia es, sin duda, el mayor logro de nuestra sociedad moderna, pero no debería ser utilizada como un escudo para ocultar la incapacidad de gestión. Convocar unas elecciones anticipadas en Aragón no es un ejercicio de libertad, sino el síntoma de un fracaso: la falta de diálogo y el predominio del ego sobre el interés general. Lo que algunos intentan vender como una “consulta necesaria” no es más que un capricho político derivado de la incapacidad de sentarse a negociar. El aspecto más sangrante de este adelanto electoral es el gasto masivo que va a generar en las arcas públicas. Cada vez que se abren los colegios electorales, se activa una maquinaria que cuesta millones de euros. Ese dinero sale directamente del esfuerzo de todos los vecinos de nuestra comunidad autónoma. Resulta inevitable pensar que, si los líderes políticos tuvieran que sufragar los gastos de la campaña y la organización de los comicios desde su propia cuenta corriente, la capacidad de negociación florecería en cuestión de horas. La generosidad con el dinero público contrasta con la tacañería que muestran a la hora de ceder en sus posturas partidistas. Mientras los partidos se enzarzan en estrategias de marketing y promesas electorales, los problemas reales de Aragón siguen acumulando polvo en un cajón. Tenemos una comunidad con retos demográficos urgentes, infraestructuras rurales que necesitan inversión y un sistema sanitario que requiere refuerzos constantes. ¿Cuántos proyectos para nuestros pueblos se van a quedar paralizados por falta de presupuesto? ¿Cuántas ayudas a autónomos o mejoras en educación se van a postergar porque “no hay fondos”, mientras se malgastan en repetir una votación? Invertir en democracia es sagrado, pero malgastar fondos en repetir un proceso solo porque los políticos se han enrocado en retos inasumibles o propuestas fuera de sus competencias es una falta de respeto al contribuyente. La política debería ser el arte de lo posible, no el arte de bloquearlo todo hasta que el resultado de las urnas sea el que a uno le conviene. Aragón necesita avanzar, no detenerse cada pocos meses a mirar un tablero electoral. Es hora de que quienes nos representan entiendan que su sueldo es para solucionar problemas, no para crearlos por su propia incapacidad de llegar a acuerdos.
