El 65

Ago 14, 2025

¿Quién soy? ¿Me reconoces? Sí, esa misma. Qué amable…
Sí, esperas con cierta ingenuidad mantener intacta tu intensa mirada,
esa que era capaz de arrasar como un vendaval, que tu piel no
muestre excesivas muescas de lo pasado, que tu encanto personal siga
pareciéndose a aquel que embaucaba y seducía sin compasión. ¡Ay,
cielos! Sabes bien que no. Han transcurrido demasiados años para que
ese precioso y dorado esplendor, regalo en propiedad de los dioses del
Olimpo, perdure sin daño.
Nos reunimos chicos y chicas, tierno eufemismo, nacidos en 1965
para celebrar el aniversario. El ambiente rebosa de tanta alegría que
me traslada a mi Día de la Primera Comunión, con el traje a estrenar
y la inocencia de una niña de siete años. Así acudimos los quintos y las
quintas al reencuentro, llenos de dulce ilusión y una pizca de nostalgia.
A ninguno de los presentes nos apetece hablar del irremediable hoy y
aún menos del presumible mañana. Cuántos recuerdos afloran en un
instante, cuántas imágenes que permanecían dormidas galopan ahora
una tras otra. Parece que es hoy cuando, siendo niñas, corríamos
con las bicis por las calles del pueblo y, ya mayorcitas, exprimíamos el
tiempo al máximo mientras disfrutábamos de la adorada adolescencia.
El mundo por descubrir, que no es poco.
El tiempo pasó como pasará este verano, como pasaremos nosotros…
Nuestros caminos se separaron hace muchos años y mañana
volveremos a separarnos. Pero no encuentro tristeza alguna en ello,
sino una hermosa verdad: esta noche que hoy conmemoramos juntos,
única y mágica precisamente por fugaz, se apagará y arrastrará con
ella momentos felices y eternos que yo guardaré como un divino tesoro.
Dedicado a los quintos y quintas de 1965.

Comparte esta Noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *