Fernando Herrero Loma

La libertad de expresión no consiste solo en poder hablar; consiste en poder hacerlo sin miedo. Sin miedo a ser señalado, insultado o a sufrir represalias por pensar diferente.
Ante la falta de información clara y transparente por parte de las administraciones sobre el proyecto de biometano presentado por MOEVE en Calamocha, y en particular por parte del Ayuntamiento, hemos sido un grupo de vecinos sin afiliación política alguna quienes hemos dado un paso al frente para informar. No con rumores ni con consignas, sino con una potente campaña basada en datos extraídos del propio proyecto —el de aquí, no el de Alemania—, documentos públicos y argumentos verificables. Informar no es manipular. Compartir información es un derecho y una responsabilidad cívica.
La respuesta, sin embargo, no ha sido el debate, sino el ataque. Descalificaciones, insultos, señalamientos personales e incluso referencias directas a familiares, tanto en las ondas como fuera de ellas. Todo ello con el objetivo de intentar que quien pregunta o informa acabe callando. Nos llaman “los tontos útiles de Teruel Existe” y “salvapatrias”.
De esta guisa, el pueblo calla. No porque sus vecinos no tengan opinión, sino porque temen las consecuencias de significarse: perder clientes, ser objeto de rumores o convertirse en el siguiente blanco. Sí, lamentablemente, esto es Calamocha en pleno siglo XXI, por si alguien no se había dado cuenta.
Una democracia sana no teme a los ciudadanos informados. Los necesita. Porque la transparencia, el debate y la libertad de expresión son pilares de cualquier sociedad libre. Cuando informar objetivamente y con datos se convierte en motivo de persecución social, el problema ya no es el biometano. El problema es el miedo. Un miedo que atenaza y que termina desembocando en indiferencia y hastío vecinal.
Defender la libertad de expresión es defender el derecho de cualquier vecino a informar, preguntar y opinar sin ser señalado por ello. Y desde estas líneas denunciamos que el miedo, y quienes lo infunden, campan a sus anchas por Calamocha, poniendo buena cara y saludando a los vecinos.
