DESDE DAROCA
Pascual Sánchez

Ya hemos escrito en este Comarcal del Jiloca sobre el gran músico bilbilitano Pascual Marquina Narro. También lo hemos hecho sobre el padre escolapio y gran escritor, José Beltrán Roche. Ambos tienen en común su amor a Daroca, siendo el primero de Calatayud nacido en 1873 y el segundo en Olalla en 1882.


Marquina venía ya de tradición musical. Su padre dirigía la banda Unión Bilbilitana, de Calatayud en la que Pascual era ya miembro con 9 años. Llegó a Daroca con 17 años, ya como director de la Banda Municipal, causando sensación en la ciudad por su juventud y su buen hacer como músico, que demostró enseguida. Tras dos años en Daroca ingresó voluntario en el Ejército, como miembro de la banda del Regimiento de Infantería de Luchana, en Lérida, pero años más tarde volvió a Daroca para casarse con María Tallada Fondevilla, una darocense con la que Pascual había iniciado noviazgo durante su estancia en la ciudad.
El padre Beltrán nació el 16 de marzo de 1882 en Olalla, actual provincia de Teruel. Siendo aún muy niño, su tío Martín, profesor en las Escuelas Pías de Daroca, lo trajo como alumno en donde recibió formación académica. Mas tarde fue enviado a Peralta de la Sal para recibir su formación religiosa, en donde tomó el hábito calasancio y posteriormente fue ordenado sacerdote. En 1904 volvió al colegio escolapio de Daroca, ya como profesor. Ejerció también en otros colegios de la Órden, para regresar a Daroca en 1936, en donde llegó a ser rector del Colegio entre los años 1949 y 1955.


El padre Beltrán, aunque orgulloso de su naturalidad en Olalla, llamaba a Daroca “La ciudad de mis amores” y Pascual Marquina, en Daroca encontró el amor con la mujer con la que compartió el resto de su vida.


Sin duda, ambos compartieron momentos de charlas, y un buen día del año de 1934 decidieron unir sus talentos, el musical y el literario, para regalar a Daroca un himno que tal cual fue escrito reproduzco a continuación:

“Salve, Salve, ciudad de Daroca, siempre noble, valiente y leal. Salve concha del fértil Jiloca, relicario de perla inmortal. Hoy tu nombre de grata memoria, limpio espejo del pueblo español, nuestro canto de honor y de gloria se levanta más alto que el sol, que tu fuiste aquel pueblo bizarro que al indómito moro venció y triunfante, tu bélico carro, por las vegas del Turia cruzó. Allí fueron tus hijos leones, allí fue tan audaz su valor que don Jaime les dio sus pendones que tremolan con gloria y honor. Allí fue ver los seis capitanes, ante Dios de rodillas están, pero pronto se vuelven titanes al oír al feroz musulmán. Ya resuenan sonoras trompetas, rompe el aire brillante clarín. Los caballos, cual rojos cometas van fogosos rizando la crin, ya las armas vibrantes de guerra con estrépito se oyen chocar. Sangre mora inundando la tierra, se la ve, cual torrente, rodar. ¡Oh, portento! ¡Misterio! ¡Victoria! ¡Victoria! Grita al punto el feliz vencedor..el feliz vencedor… y aparecen seis soles de gloria que deslumbran con tanto esplendor, en tu cielo, dichosa Daroca..en tu cielo, dichosa Daroca con eterno fulgor brillarán y las olas del fértil Jiloca modulando himnos mil pasarán.. modulando himnos mil pasarán, en tu cielo, dichosa Daroca. ¡Salve reina tus fuertes murallas aún coronan tu sien inmortal y recuerdan tus grandes batallas tu heroísmo y valor sin igual. ¡Salve ! ¡Salve! ciudad venturosa, limpio espejo del pueblo español y descansa escuchando orgullosa nuestro canto, más alto que el sol, nuestro canto, más alto que el sol…más alto que el sol”.

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