
El futuro de nuestros pueblos no se construye con discursos cambiantes, sino con realidades, empleo e inversión. Por eso, resulta difícil de comprender el repentino giro de timón del grupo político Teruel Existe y sus allegados respecto a la planta de biogás proyectada para Calamocha. Estamos hablando de una inversión privada de más de 17 millones de euros, una cifra que ningún municipio de nuestro tamaño puede permitirse el lujo de rechazar. La contradicción salta a la vista cuando se repasa la hemeroteca reciente. Representantes de la formación no dudaron en viajar a Alemania para conocer de primera mano las plantas de Moeve, regresando con una impresión aparentemente positiva. Todo parecía correcto y viable sobre el papel, pero en cuanto el proyecto inversor aterriza en el territorio y llega el periodo de alegaciones, la postura se transforma en un “no” rotundo. ¿Cuál es el motivo real de este cambio de parecer? No estamos en posición de cerrar la puerta a ninguna oportunidad. Mientras aquí se levantan muros, solo hace falta mirar a nuestros vecinos más cercanos: en la provincia de Zaragoza ya hay varias instalaciones de este tipo funcionando a pleno rendimiento. La realidad de esos municipios desmiente los discursos alarmistas: ni se ha devaluado el precio de la vivienda, ni se perciben esos olores insoportables a los que tanto se hace referencia de forma interesada. Todo proyecto es, por supuesto, mejorable y fiscalizable, pero la solución nunca puede ser la parálisis. Quienes hoy lideran la oposición a esta planta no conocemos que hayan traído una inversión similar a la comarca. Si echamos la vista atrás, nos encontramos con proyectos fallidos como aquel famoso ‘Jiloca Aqua’, una iniciativa cuya financiación dependía íntegramente del dinero público y de la administración, sin el respaldo de un motor empresarial sólido detrás. A menos de un año para las próximas elecciones municipales, la estrategia de la confrontación constante empieza a pasar factura. El daño y la división sembrada entre los vecinos es más que evidente. La política local no puede basarse en venir a destruir cualquier proyecto que no se lidera, para el asentamiento de población mientras se aseguran un ‘sueldecico’ institucional. Los datos y los hechos están ahí, y es una realidad la casi desaparición del movimiento ciudadano Teruel Existe entre todos los vecinos al entrar en política y poder repartir cargos públicos.
