
Cumplir un siglo de historia no es fruto de la casualidad, sino del empeño. El 100 aniversario de Pastas Romero es la prueba viviente de esa bendita «cabezonería» aragonesa; una mezcla de resistencia, orgullo y visión a largo plazo que ha permitido a esta emblemática empresa no solo sobrevivir, sino competir al más alto nivel. En un mercado globalizado y muy cambiante, Pastas Romero ha plantado cara a las dificultades manteniéndose fiel a sus raíces, apostando firmemente por vertebrar una comarca y sus alrededores en tiempos donde lo fácil hubiera sido deslocalizar. Hoy, la empresa camina con orgullo por su cuarta generación. Es el legado de una familia que entendió que hacer negocio también es hacer patria. Con más de 120 empleos directos, Pastas Romero no es solo una fábrica, es el motor que mantiene viva a la histórica ciudad de Daroca, el sustento de decenas de familias y el dique de contención contra la despoblación en el medio rural. Sin embargo, este centenario, además de celebración, debe ser una llamada a la reflexión y a la acción. A los señores políticos que tanto se les llena la boca alabando el arraigo local y a quienes tanto gusta la impecable forma de trabajar la pasta, hay que exigirles reciprocidad. Es hora de que «muevan la pasta» de los presupuestos y la transformen en realidades. Las administraciones autonómicas deben mimar mucho más a estos gigantes rurales, ponérselo más fácil y acelerar un crecimiento que no puede verse frenado por la burocracia o el olvido institucional. Daroca lleva años reclamando infraestructuras vitales: la llegada definitiva del gas, una potencia eléctrica adecuada a las necesidades industriales del siglo XXI y recursos hídricos garantizados. Son peticiones de sentido común que, incomprensiblemente, siguen durmiendo en el estómago de algún cargo público, tal vez digiriéndose lentamente junto a un buen plato de pasta en algún despacho. A pesar de estas piedras en el camino, el futuro aguarda. Confiamos plenamente en que el nuevo director general sabrá honrar la extraordinaria herencia recibida de las generaciones pasadas. Los desafíos son grandes, pero el carácter aragonés lo es más. Que este primer siglo sea solo el preámbulo de un futuro brillante en el que Pastas Romero siga alimentando al mundo y, sobre todo, garantizando el porvenir de Daroca.
