José Miguel Uriarte es el director de la iniciativa y relata la importancia de poner en valor el patrimonio

Hace cuatro años me encontraba en la plaza de España de Daroca, junto al Ayuntamiento. Era de noche y, desde la acera, viví una de esas experiencias que difícilmente se olvidan. El Padre Federico acababa de abrir las grandes puertas de la Basílica y, desde aquel punto, podía contemplarse el interior del templo en todo su esplendor: el baldaquino y la Asunción de la Virgen aparecían estratégicamente iluminados, creando una imagen verdaderamente espectacular. Me acerqué al Padre Federico y le dije: «Es increíble la belleza del interior de la Basílica, especialmente vista desde aquí». De aquella sensación, y del deseo de que Daroca y su hermosa Basílica fueran potenciadas y valoradas como realmente merecen, nació una manera diferente y especial de mostrar su belleza. Así surgió este espectáculo, que se presentó por primera vez hace ya tres años y que, gracias también a la insistencia de nuestro gran párroco, Federico, volvió a celebrarse el pasado 14 de agosto.
Treinta voluntarios darocenses, en su mayor parte integrantes del Coro Parroquial, participaron de forma altruista, aportando su tiempo, su esfuerzo y, sobre todo, mucha ilusión. Detrás del espectáculo hubo muchas horas de preparación, planificación y ensayos y la respuesta fue extraordinaria: se colgó el cartel de completo, con más de 300 personas llenando la Basílica.
En esta ocasión, el hilo conductor fueron los cinco elementos de la naturaleza, presentes de una u otra manera en nuestro templo. Pero también se quiso estimular algo todavía más especial: los cinco sentidos. La oscuridad, las velas, los olores, las luces, las palabras, los sabores y, por supuesto, la música, fueron construyendo poco a poco una experiencia diferente, capaz de envolver a los asistentes y hacerles vivir el templo de una manera completamente nueva. Durante el espectáculo se interpretaron doce piezas musicales de estilos muy diversos, desde la música clásica hasta piezas pop. Hubo solistas que brillaron de manera extraordinaria y momentos protagonizados por el violín, la tuba, la trompa, la flauta travesera, la flauta de pan, el saxofón, el canto masculino, el canto femenino y el órgano. También hubo varias jotas, sentidas y emocionantes, que seguramente consiguieron poner los pelos de punta a más de uno de los asistentes.
Fue una experiencia para recordar. Como símbolo y recuerdo de la actividad, se entregó a los asistentes un pequeño saquito con granos de trigo. Y, para finalizar, llegó el quinto sentido: el gusto. Los asistentes pudieron disfrutar de un delicioso bizcocho elaborado por las monjas del convento de las Dominicas de Daroca. Era precisamente eso lo que se pretendía: provocar ese cosquilleo especial que recorre el cuerpo cuando la música, las luces, la voz, los efectos y la emoción se unen para hacernos contemplar algo conocido con una mirada completamente nueva. Y, sobre todo, conseguir que todos pudiéramos valorar como se merece la auténtica joya que tenemos en Daroca: nuestra Basílica.
Quienes hemos participado en esta actividad queremos aprovechar para pedir a las instituciones que continúen colaborando juntos para seguir cuidando, restaurando y engrandeciendo nuestra Basílica y, con ella, nuestra ciudad. Porque Daroca tiene historia, patrimonio, cultura, tradición y belleza. Tiene una Basílica capaz de emocionar cuando simplemente se abren sus puertas y se ilumina su interior. Ahora tenemos que conseguir que esa belleza sea conocida, valorada y disfrutada por muchos más.
