El escultor Luis López Gómez expuso por primera vez en su pueblo natal, Calamocha, una amplia selección de su obra en madera, en la que logra unir la villa con su lugar de residencia bajo el nombre de ‘Virutas de río y mar’

Luis López atendiendo a los medios de comunicación en Calamocha
Luis López atendiendo a los medios de comunicación en Calamocha

Virutas de río y mar. Este es el nombre que le puse a la muestra de mi trabajo en la Sala de Arte Contemporáneo José Lapayese en Calamocha. Esta razón es la que da a entender que las virutas son parte del material que he trabajado, el río al lado de donde he nacido y el mar al lado de donde vivo hace 46 años.

El agua junto a la madera y diversos materiales me trasladan a mi niñez y me transportan por una corriente de recuerdos a mi madurez.

En Calamocha se ha podido contemplar una pequeña colección de obra escultórica y por primera vez bocetos y apuntes de preparación de ideas para desarrollar en barro y después en obra definitiva, y apoyada por frases, que ayudan a quien las mira a terminar la escultura y siempre el espectador tiene el privilegio a nivel personal de terminar la obra según su personal criterio.

El viaje como razón o inspiración está presente en casi toda mi obra pues es lo más parecido a la corriente del río. Una como la del (último tren) que representa a un anciano sosteniendo un pequeño tren de juguete y tiene una frase que nos dice: en la vida nos pasan muchos trenes, unos los cogemos y otros los dejamos pasar, pero el (último tren), ese nos espera. (Las alas de Ícaro) que quiso alcanzar el sol pero el calor de este derritió la cera en que estaban pegadas las plumas de las alas. O (las alas de Dédalo), su padre que construyo todo un laberinto al Minotauro para que se perdiese y tener ellos más tiempo para huir.

Así como el montaje del (Exilio) representado con una maleta un raíl de tren e imágenes en madera pirograbada representando que tanto las imágenes pasadas como las actuales las penas del exilio son las mismas.

Espero que estas pinceladas en forma de esculturas con un pequeño mensaje hayan sido como esas películas que, después de verlas, se quedan un tiempo en la cabeza y las comentamos con un buen café, y así yo poder dar las gracias por poderlas acercarlas y mencionar el agradecimiento al Ayuntamiento de Calamocha, a su alcalde Manolo Rando y a toda la gente de la sala José Lapayese, como Pilar Esteban.

Mi última reflexión de estos días es un viaje de vuelta, de reencuentro y sentirme en mi pueblo de nacimiento, sentirme parte de esas raíces de los chopos que agarrando la tierra tocan el agua.

Y recordar en una fotografía de los años 60 de la escuela, de mi clase con el profesor y todos los compañeros y que la distancia no borra los recuerdos y con alguno de esos compañeros me he podido reencontrar. Sentir que el tiempo no borra los recuerdos y las vivencias, que todas están en la vitrina del alma.

Un abrazo de gratitud a toda Calamocha, desde este rincón del Mediterráneo que es el pueblo de Sóller (Islas Baleares).

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