JAVIER SANTOS
Acuarelista

Los talleres artísticos realizados en los colegios Arboleda y Gloria Fuertes de Teruel me han hecho descubrir una realidad llena de fuerza, cariño y coraje: la de las familias y profesionales que acompañan a niños con diversidad funcional.
Durante los días 6 y 7 de noviembre compartí con los alumnos de los colegios de educación especial Arboleda y Gloria Fuertes una experiencia que me ha cambiado la mirada. A través del cuento “La Era del Tío Cesáreo” y de un pequeño taller de acuarelas —subvencionado por el Instituto de Estudios Turolenses—, viví dos jornadas que me acercaron a la esencia más humana del arte.
La actividad comenzaba con la narración del cuento “La Era del Tío Cesáreo”, una historia que habla de raíces, de respeto y de la belleza que nace en lo cotidiano. Después, cada alumno recibía un cuadernillo con acuarelas y pinceles de agua: una invitación a expresarse a través del color, a disfrutar del arte como un lenguaje universal.
Pero lo verdaderamente importante no fueron los pinceles ni el papel. Lo importante fueron las personas. Estos días me hicieron “bajar a la tierra” y mirar de frente una realidad que muchas veces ignoramos: la de las familias con niños con diversidad funcional.
Detrás de cada sonrisa hay un esfuerzo enorme. Los costes de los vehículos adaptados, las dificultades de accesibilidad, la escasa oferta de talleres o actividades adaptadas… son solo una parte del camino que recorren cada día. Aun así, en esos colegios se respira una fuerza y una alegría contagiosas.
Quiero destacar el trabajo y la entrega de las directoras Dolores y Helena, y de todos los profesionales que acompañan a estos niños con un amor inmenso. Ellos son el motor que mantiene viva la esperanza, que enseña con paciencia y ternura, que celebra cada pequeño avance como si fuera una gran victoria. Y esos niños… esos niños son luchadores, campeones y artistas.
Salir de allí fue difícil. Me fui con el corazón lleno, pero también con una reflexión profunda: no basta con emocionarse desde fuera. Lo que de verdad transforma es la acción, el compromiso, la ayuda. Por eso, desde aquí, quiero hacer un llamamiento a las empresas, asociaciones e instituciones. No miremos hacia otro lado. Ayudemos, cada uno desde donde pueda: con donaciones, con talleres inclusivos, con oportunidades laborales, con colaboración real. Todo gesto cuenta, y todos podemos ser parte del cambio.
Porque cuando uno mira a los ojos de esos niños y ve su ilusión por pintar, por crear, por participar… entiende que ellos no necesitan compasión, sino espacios para brillar.
Y nosotros, los que tenemos la capacidad de actuar, tenemos también la responsabilidad de hacerlo.
