Descendiente de Singra y directora de fotografía de “La conversación que nunca tuvimos”, nominado al Goya

El próximo 28 de febrero el Auditori del Centre de Convencions Internacionals de Barcelona será el escenario de la 40ª edición de los premios Goya, los mayores galardones del cine español. En la categoría de mejor corto-documental uno de los nominados es “La conversación que nunca tuvimos” de Cristina Urgel. La directora soriana ha contado entre su equipo técnico con presencia del Jiloca. Sara Almonacid, descendiente de Singra, se ha encargado de la dirección de fotografía.


-Nació en Valencia pero sus raíces están en Singra. ¿Sigue teniendo relación con la localidad?
-Yo nací en Valencia pero la familia de mi padre nació en Singra y él vivió allí sus primeros años. Tanto mis hermanos como yo nos hemos criado en Singra, hemos pasado allí muchos veranos y todo el tiempo que hemos podido, vamos siempre que podemos y mantenemos nuestra casa.


-Ha participado en un corto con un título con fuerza ¿Cuál es el argumento?
-El título es la clave. “La conversación que nunca tuvimos” es real, es la conversación que la madre de la directora nunca pudo tener con su madre. Cristina Urgel consiguió, antes de que falleciera su abuela, grabar una conversación con ella en la que explicaba el problema y la situación que vivió en sus años de juventud en un pueblo de 50 habitantes de la provincia de Soria. La mujer se quedó embarazada fuera del matrimonio en una época en la que no estaba muy bien visto, los años 50. En el documental se aborda primero la conversación entre la directora y su abuela, y después la conversación entre su madre y su abuela. Fue muy impactante escuchar por primera vez esa historia tan dura y tan tensa, porque era la primera vez que salía a la luz y porque la protagonista ya había fallecido. Fue muy intenso.


-¿Entonces lo que se puede ver es todo real, tal cual sucedió en el momento?
-Así es. Fueron cuatro horas de grabación sin parar y sin cortar en ningún momento. Todo el equipo estábamos a la expectativa de cómo iba a reaccionar la madre de Cristina porque no es fácil escuchar a tu propia madre contar todo eso, y más teniendo en cuenta que ellas habían tenido una relación muy complicada por ese motivo. Las cuatro horas de conversación se han reducido a un corto-documental de 19 minutos, no abarca todo lo que cuenta.


-¿Podría entonces este corto transformarse en un largometraje?
-Estamos ya en eso, así que es una posibilidad muy real. Todos veíamos claro que daba para un largometraje así que estamos en proceso.


-¿Por qué se decide grabar en tiempo real y sin prepararlo ni ficcionarlo?
-Cuando la directora me propuso este proyecto y me comentó cómo quería rodarlo estuvimos todos de acuerdo, y ella la primera, en que queríamos ver qué iba a pasar, cómo reaccionaban su abuela y su madre. Es cierto que se les puso en antecedentes por si acaso pero no se destripó la conversación. Se buscaba eso. Podría haber salido bien o podría haber salido mal, pero la directora decidió tirar por ese formato y salió maravilloso, se consiguió mucha naturalidad.


-Desde su trabajo como directora de fotografía ¿cómo abordó el proyecto?
-Con mucha ilusión y con el sentimiento de que había que hacerlo de la forma más natural posible. Nos buscábamos poner ni una luz ni una imagen más allá de lo que era la historia. La historia era sentarnos en una mesa de comedor con unas luces bajas, no quería darle una imagen melancólica pero lo que iba a pasar en esa conversación tenía que tener dureza, entonces nos decidimos por unas luces que enfriaban para que fueran las protagonistas de la charla las que dieran calor a la conversación. Fue también complejo porque íbamos con tres cámaras a la vez y eso complica la fotografía, pero yo estoy contenta con el resultado.


-Aunque es una historia individual seguro que hay otras muchas parecidas. Usted que conoce el mundo rural ¿reconoce esa situación y esos temas “tabú” sobre todo de hace algunos años?
-Sí por supuesto, de hecho fue una de las cosas que más me llamó la atención. Estábamos rodando en un pueblo de Soria pero podríamos haber rodado en Singra. Es contar una historia para que se abran otras muchas historias. Es la vida de muchísimas mujeres, de hecho dentro del corto se menciona aunque sin nombres a otras que han vivido cosas similares e incluso algunas que hoy por hoy lo siguen viviendo.


-Ahora están en la carrera de los Goya pero el corto ya ha ganado premios en otros festivales…
-Sí, la verdad es que estamos muy contentos. El corto-documental es difícil porque en poco tiempo tienes que llegarle a la gente y creo que lo estamos consiguiendo. Hemos tenido un muy buen recorrido este año en festivales conocidos, claro que todo el equipo estamos esperando el Goya, pero si no llega ya estamos muy contentos de hasta dóndemos llegado.


-¿Qué opina del resto de candidatos?¿Cree que su corto tiene posibilidades?
-Competir con estos 4 proyectos en las nominaciones es un honor para nuestro equipo. Sentimos que hay mucho nivel en la sección de cortometraje documental. Creo que todos abordan temáticas sociales muy distintas y necesarias. Valoramos mucho el apoyo que estamos recibiendo por parte de nuestros/as compañeros/as de profesión

En la misma categoría que “La conversación que nunca tuvimos” están nominados al Goya “Disonancia”, de Raquel Larrosa, que ahonda en una asociación de mujeres saharauis dedicadas a la detección de minas antipersonas; “El santo”, de Carlo D’Ursi, que explora la figura del médico rural Carlo Fortunato; “The Painters Room”, de María Colomer, que habla sobre una prisión danesa que se utiliza como centro de deportación; y “Zona Wao”, de Nagore Eceiza, dedicado a las petroleras que operan en la Amazonia.

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