Tana Ibáñez, natural de Calamocha, adquirió los edificios del antiguo aeródromo en el año 2021 y un año más tarde vuelven a salir al mercado con la condición de que la compra vaya acompañada de un proyecto para su restauración y conservación

Las instalaciones que todavía resisten al paso del tiempo en el antiguo aeródromo de Calamocha se han puesto a la venta. Fueron adquiridas en 2021 por la calamochina Tana Ibáñez, quien un año más tarde ha decidido venderlas.
La propietaria de este emplazamiento lo adquirió con vistas a desarrollar un proyecto de recuperación, que se ha visto truncado por diferentes circunstancias personales, motivo que le ha llevado a renunciar al mismo. “Lo compré con la idea de renovarlo, pero han surgido temas imprevistos y ahora está a la venta sobre proyecto, es decir, la idea es que alguien lo compre con la condición de que se restaure tal y como fueron las instalaciones en su día”, explica Ibáñez.


El proyecto inicial de la calamochina era restaurar las instalaciones militares en ruinas para su uso como establecimiento turístico. “Lo adquirí con mucha ilusión porque es un sitio precioso y con la idea de reformarlo y ver qué se podía hacer, por ejemplo, convertirlo en una zona de acogida cultural porque la gente cuando viaja busca cosas más especiales”, indica.
La extensión del aeródromo calamochino está compuesta por dos parcelas de cerca de 15.000 metros cudrados. “Es un polígono rústico con 9.000 metros cuadrados y hay otro con dos parcelas: una rústica y otra urbana, con 6.000 metros cuadrados, de los que cerca de 3.000 son urbanos, que coincide con el chalet que hay”, detalla.


Ibáñez, nacida en la capital del Jiloca pero residente en Bélgica, compró las dependencias a Max Turiel, quien las había adquirido al Ministerio de Defensa tras un proceso fallido de subastas. La compra del complejo incluyó las dependencias militares y una vivienda y tuvo un importe de en torno a los 30.000 euros.
Valor familiar e histórico
El antiguo aeródromo forma parte de la historia de la villa, así como de los recuerdos de infancia de Tana Ibáñez, quien guarda un especial cariño por el lugar. Su padre José Luis Ibáñez realizó parte de su periodo de Servicio Militar en el campo de aviación de Calamocha. “Siempre habla del frío que se pasaba allí y yo recuerdo ir con la bicicleta, también hacer una visita con la escuela. Todos los recuerdos son muy bonitos, era un sitio precioso y dejar todo destruido es una pena”, concluye.

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