El barrio calamochino del Arrabal vivió un fin de semana con un gran ambiente festivo y de convivencia entre vecinos

Durante el fin de semana del 12 y 13 de septiembre los calamochinos no quisieron perderse la cita con las fiestas del Santo Cristo del barrio del Arrabal. La cita marca de manera oficiosa el fin del verano en la localidad, pero no por ello se viven con menos intensidad. Durante los tres días que duran las fiestas la comisión preparó actos para todos los públicos, pero sin perder el espíritu familiar que caracteriza al Santo Cristo «queremos que las familias disfruten y por eso hemos organizado multitud de actividades para niños, pero también hay opciones para los jóvenes a los que les gusta disfrutar de la fiesta», comentó Juan Carlos Corpa, el presidente de la comisión.
La actividad arrancó ya el viernes con el tradicional chupinazo y los juegos gigantes de la Comarca del Jiloca; a continuación los tradicionales concursos de tortillas y de postres y los playbacks. El sábado fue el día más completo. Empezó con un parque infantil y siguió una de las citas que no pueden faltar en estas fiestas como son los gigantes y cabezudos, acompañados por sus dulzaineros. A la hora de comer numerosas cuadrillas sacaron el butano y los paelleros a la calle y trataron de sorprender al jurado con su mejor arroz, hasta que a primera hora de la tarde se propuso una de las novedades de este año, la actuación de flamenco de la escuela de baile de Vero Vera «pensamos que el flamenco no es muy conocido en la zona y ya que teníamos la oportunidad nos pareció interesante que la gente de Calamocha se acercara a la disciplina», comentó Corpa. La actividad siguió durante toda la tarde, hasta llegar al momento más esperado de las fiestas, el encendido de la hoguera, que congregó a cientos de personas para observar la estampa del crepitar del fuego con la ermita al lado. «Hemos tenido que cambiar la ubicación y la altura de la hoguera por seguridad, sobre todo por el viento, pero ha ido todo bien», explicaron.
El domingo por la mañana los protagonistas volvieron a ser los cabezudos, junto con la misa baturra, y por la tarde los concursos de guiñote y de disfraces y el cierre con la actuación de jotas a cargo del grupo Legado Aragonés. Tampoco faltó el tradicional chocolate, aunque este año se acompañó de más de 2.000 churros y porras de la mano de churrería Calamocha «queremos agradecérselo, ha tenido un éxito total», comentó Juan Carlos Corpa.
Desde la comisión de fiestas se mostraron «muy contentos» con las fiestas. De toda la programación lo que más se destacó fueron las actuaciones musicales «creemos que a la gente le han gustado», y, por supuesto, la afluencia de público «el Santo Cristo nunca defrauda», manifestaron.
