
Daroca fue durante siglos, principalmente, una ciudad de servicios, un verdadero centro comercial al que acudían las gentes de su Comunidad de Aldeas a proveerse de todo lo necesario, pero también desde el siglo XIII tuvo una industria importante, convirtiéndose en un centro de exportación de productos de origen agrícola y ganadero como el trigo y la lana, que era enviado a Valencia, Navarra, Barcelona, u otros lugares, incluso a Francia. A finales de este siglo, Jaime II estableció, oficialmente, un mercado semanal, que se celebraba los jueves y es también por esas fechas cuando se establecen las famosas Ferias de Ganado de las que ya hemos escrito en este Comarcal en pasadas ediciones.
Sin embargo, nunca se dio en Daroca una verdadera industrialización debido a diversos factores, como la falta de medios técnicos, el capital necesario y, sobre todo, de hombres con mentalidad de desarrollo entre la burguesía de la Ciudad.
A pesar de todo, hubo algunas épocas en las que se desarrolló alguna actividad industrial, aunque siempre en torno a los productos derivados de la agricultura y la ganadería de Daroca y su extensa Comunidad. Productos como el lino, el cáñamo, la piel y la lana procedente de su también extensa cabaña ovina, gracias a sus abundantes pastos. Muchos documentos acreditan la importancia de esta lana de Daroca, denominada “lana Daroquina”, famosa ya en el s.XIII, considerada de gran calidad por los fabricantes textiles valencianos.
Esto hizo que surgieran también en Daroca varios centros artesanos de transformación de esta magnífica materia prima como la fabricación de paños y de prendas de abrigo, llegando a convertirse Daroca en un centro textil de importancia a partir del cual surgieron otro tipo de centros artesanos relacionados con el textil, como las tintorerías, que a principios del siglo XIII eran propiedad del Rey, incluso durante algún tiempo fueron gestionadas por la Orden del Temple, presente en Daroca en aquella época. Llegó a ser tan productiva esta industria de las tintorerías que, por privilegio real, los ciudadanos de Daroca podían llevar a teñir sus prendas de manera gratuita.
En el siglo XIV, el edificio de la tintorería se encontraba intramuros, entre el recién implantado convento de la Merced, sobre las ruinas de la antigua iglesia de San Lorenzo y la Puerta Baja.
También procedente de la ganadería, surgió la industria de la piel, llegando a ser de tal importancia que el propio Jaime I concedió un privilegio que protegía esta floreciente industria, en el que se incluía el derecho de curtir pieles de distintos animales, privilegio que fue ratificado por otros monarcas.
A diferencia de la tintorería, la tenería de Daroca, ya desde el siglo XIII, estaba situada extramuros, en los arrabales, aproximadamente detrás del convento de Trinitarios, y tenía un gran volumen de producción, siendo muy utilizada por el importante gremio de curtidores de Daroca. Posteriormente para poder atender la gran demanda de este gremio se establecieron en la villa y en alguna de las aldeas, nuevas tenerías.
Otro sector importante, dentro de lo que podríamos denominar industrial, fue el de los molinos, que a diferencia de otros lugares en que eran movidos por viento o por tracción animal, en Daroca se movían por agua, sirviéndose de un canal denominado acequia o río Molinar, que recogiendo sus aguas del río Jiloca, volvía a él, aguas abajo.
También extramuros se encontraban los molinos, en el tramo final del “Rio Molinar”. En esa zona, próxima al convento de franciscanos, existieron dos de los más importantes; uno de ellos denominado “la Tahona” y otro conocido como “Molino Nuevo”, ambos disponían de cuatro ruedas de moler.
