PILAR SARTO FRAJ
Acción Solidaria Aragonesa
Es la frase que leo en un comunicado de UNRWA España al referirse a Gaza y a Líbano, un comunicado que reúne, como siempre, un pequeño análisis de la situación, lo que están haciendo allí y algunas certeras reflexiones, además de valorar la dignidad y la esperanza de los pueblos de Gaza y Líbano.
“La historia no se repite. Se permite. Lo dijimos y lo seguiremos diciendo: lo que pasa en Gaza y en Líbano seguirá pasando si la impunidad continúa. Y, como siempre, quienes pagan el precio más alto son los civiles”. Y es que la situación en el Líbano se va pareciendo a la olvidada Gaza, que sigue siendo bombardeada por Israel y sin acceso a la ayuda humanitaria. La población está ahí, al límite, a merced del desastre propiciado por la acción y la impunidad de los agentes armados y los gobiernos que se saltan todas las normas internacionales.
“Pocas veces se habla del peso silencioso que carga Líbano. Un país pequeño, frágil, que durante décadas ha absorbido las consecuencias de conflictos que nacieron más allá de sus fronteras. Líbano es un país extraordinario, un país de montañas que miran al mar, de ciudades llenas de vida, con zocos, olores, sabores; un país donde hay una hospitalidad como en pocos países y una capacidad para seguir adelante incluso en los momentos más difíciles; un pueblo que ha resistido más de lo que cualquiera debería tener que resistir.
También es un país que ha acogido a generaciones de personas refugiadas de Palestina, familias que huyeron en 1948 y cuyos hijos y nietos siguen viviendo hoy en campamentos, además de cientos de miles de personas refugiadas sirias. Líbano lleva años respirando con dificultad. Y ahora, una vez más, vuelve a contener el aliento. Desde el 2 de marzo, los ataques de Israel y las órdenes de evacuación han obligado a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares en el sur del país, en el Valle de la Bekaa y en los suburbios de Beirut. Otra vez. Más de 700.000 personas han tenido que huir (…) Y, sin embargo, hay algo profundamente admirable en las personas que viven allí. Lo vemos en Gaza. Lo vemos también en Líbano. Después de tantos años viviendo al borde del colapso, de tanta violencia, de tanta incertidumbre, siguen adelante. Son personas extraordinariamente vivas. Personas que siguen reuniéndose. Que siguen cuidando de sus familias. Que siguen riéndose cuando pueden. Que no se van. Que no se rinden. Personas que, incluso después de perderlo todo, conservan algo que ninguna guerra u ofensiva ha conseguido destruir: la dignidad y la esperanza.
Es imposible no sentir una profunda admiración por esa fuerza. Porque la violencia, la impunidad y la falta de humanidad que estamos viendo en el mundo nos están afectando a todos”. En Líbano, UNRWA trabaja en 12 campamentos de refugiados repartidos por todo el territorio; atiende 60 escuelas con más de 38.000 estudiantes; mantenía 26 clínicas que proporcionaban cerca de un millón de consultas al año, hoy 16 siguen operativas, y equipos médicos y otras clínicas móviles atienden a personas desplazadas. Han reabierto refugios de emergencia en el centro de formación de Siblin, en Saida, y en el campamento de Nahr el-Bared, en el norte del país, más de 1.300 personas desplazadas, cerca de 350 familias —palestinas, sirias y libanesas— encuentran allí un lugar donde dormir; distribuyen colchones, comidas listas para consumir y kits de higiene; los equipos de agua y saneamiento siguen recogiendo cada día alrededor de 160 toneladas de residuos en los campamentos.
Hay que elevar la voz, la impunidad mata y el silencio también.
