Discurso Hijo Predilecto, 5 de agosto de 2022

Como solía decir William Shakespeare, aunque no tengo claro que lo escribiera, «¡te vas poniendo, te vas poniendo!»… y te encuentras con que has dedicado tu vida a tu pueblo, sin pensar el porqué ni el para qué, sólo porque sí, porque Calamocha es Calamocha y José Luis Campos no tiene sentido sin Calamocha. Y al final, todo lo que uno ha hecho se convierte en una normalidad que a la vez es felicidad… ¡La felicidad de ver a tu pueblo proyectado a lo más alto!

Me gusta definirme como un chico de pueblo, sin estudios más allá de los que imparte la universidad de la vida; que ha crecido a base de esfuerzo y de tropezarse muchas veces, de aprender de todo y atreverse a soñarlo todo.

Hoy echo la vista atrás y siento una inmensa satisfacción. Pero a la vez hoy sueño con el futuro y siento la más profunda de las alegrías, porque me queda un buen tramo de vida para seguir narrándole al mundo mi amor por Calamocha.

Esa seguirá siendo la normalidad que da sentido a mi vida, y la garantía de mi felicidad hasta el día en que muera. Pero tranquilos, que sea donde sea que vaya yo a parar, sea el Cielo o el Infierno, no pararé de explicarles a unos y a otros lo maravilloso que es nuestro pueblo.

Y es que, como seguro que decía Albert Einstein, aunque no tengo claro que lo escribiera, «¡te vas poniendo, te vas poniendo!»… y ya veis donde hemos llegado.

Recuerdo el año 2016, más o menos por marzo, cuando cumplí un mes de ingreso en el hospital Miguel Servet de Zaragoza, gracias a unas «pequeñas dolencias sin importancia» que casi acaban de estropear mi maltrecho corazón. Ahí fue donde recibí la llamada del alcalde, Manuel Rando, para proponerme ser mantenedor de las fiestas de ese año. Mi emocionada respuesta fue: «¿Tan jodido me ves, Manolo?». «¡Noooooo!», dijo el alcalde, es, simplemente, que hemos pensado que te lo mereces». Y si Manolo hubiera estado diez minutos lanzándome piropos, ¡no me habría hecho más feliz!

Porque esas tres palabras, al acostarme esa noche, seguían sonando en mi cabeza como el estribillo de la más bella canción: «Te lo mereces». Y mientras me iba quedando dormido, repasaba lo que Calamocha me había dado, maravillosas satisfacciones, y lo que yo he intentado darle a Calamocha, que ha sido todo lo que he podido… aunque ojalá hubiera sido mucho más. Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño. A mí me gusta decir que mi vida en Calamocha ha sido, sigue siendo y siempre será el más hermoso de los sueños.

Seis años después, en 2022, tras otra larga conversación telefónica, Manuel Rando, al despedirse, me dijo: “En el próximo pleno sales”. Y así fue. Ser hijo predilecto de Calamocha es, sencillamente, una de las cosas más emocionantes que le han pasado a este chico de pueblo que, en el fondo, sigo sintiendo que soy.

Para mí, Calamocha es sinónimo de amor, de familia, de identidad, siempre de alegría y orgullo. Es ese lugar que nos acoge a todos, que fortalece mi corazón hasta hacerlo invulnerable e impulsa su latido para hacerme seguir adelante como padre, marido, amigo y profesional. Y sólo encuentro un pequeño inconveniente: que las palabras se me quedan cortas para expresar la emoción que siento ahora mismo.

Luis Alegre, que ha tenido la tarea de loar mis méritos, ha sido tan exagerado como generoso; al igual que Juan Carlos y Santiago. Yo sólo puedo dar las gracias y considerarme el hombre más afortunado del mundo.

He tenido dos grandes amores en mi vida: mi esposa Mari Carmen, con mis hijas Sara y Miriam, y Calamocha. Y tengo la suerte de poder sentir que en ambos casos, tanto en el de mi familia como en el de mi pueblo, han sido amores correspondidos.

Solo deseo, al igual que cuando fui mantenedor, que en este momento me esté viendo mi madre. ¡Ella sí que fue predilecta y perfecta! Estoy seguro de que así será, de que esté donde esté, me estará mandando un beso. El mismo que yo le mando a ella y a todos vosotros. Gracias por tanto y gracias por siempre, Calamocha.

Comparte esta Noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.