El TULIPÁN NEGRO | OPINIÓN
Espartaco fue un esclavo de origen tracio, de la tribu de los medos, dirigió una rebelión contra la República Romana en suelo Italiano entre los años 73 a 71 antes de Cristo.
Es decir que durante casi 3 años tuvo a las temidas Legiones Romanas en Jaque, casi Mate.
Era un esclavo Gladiador que entretenía a la aristocracia romana a base de jugarse la vía en los anfiteatros.
Estuvo a punto de obtener la ansiada libertad tras derrotar en varias ocasiones a los romanos.
No es objeto de esta opinión hablar de Espartaco, salvo este primer paréntesis.
Se trata de ver la situación actual de millones de trabajadores que cumplen con su faena para que unos pocos se hagan cada vez más ricos.
Roma fue grande, muy grande, el imperio que más tiempo ha ejercicio su autoridad en el mundo entonces conocido, se ha de suponer que a base de depredar y subyugar a otros pueblos o tribus y sus gentes a los que sometían a las esclavitud.
Vemos cómo los ricos muy ricos nos enseñan sus constantes logros, unos mandan cohetes a Marte, se las ingenian para que su nombre suene a TRIUNFO, podría ser aleccionador y conveniente que se empezaran a romper barreras, no somos esclavos todavía, pero casi, miles de millones de trabajadores mal viven con un salario mínimo interprofesional, donde existe, de miseria, apenas para sobrevivir mal comiendo, mal vistiendo y con un techo bastante precario, es una situación muy parecida a la que se vivió en Roma en aquellos tiempos.
Se combatió a Espartaco porque no interesaba a la Aristocracia Romana que los esclavos desaparecieran de la península Itálica, sencillamente sin ellos su prosperidad quedaba absolutamente menguada.
Hoy estamos acostumbrados a tener que aguantar algo que denomino pornografía económica.
Que si los yupis del Ibex 35 ganan 60 veces más que un asalariado de la misma empresa, que si lo bancos obtiene cada vez más beneficios a costa de los pequeños ahorradores, que si el suelo de algunos Banqueros oscila entre 10 y 14 millones de euros/año.
Hay quien dé más.
Nosotros, los currantes apenas importamos, somos carne de cañón que enriquece a la Aristocracia actual.
No estaría de más empezar a plantear porque vivimos y morimos en este mundo tan mal repartido y al final entonar como en la película aquello de YO SOY ESPARTACO, y sobre todo tratar de generar un reparto más equitativo de la riqueza a la que contribuimos tantos millones de curritos.
