La Diputación de Teruel ha apostado un año más por esta iniciativa universitaria que ha tenido presencia en la comarca del Jiloca, donde han realizado sus prácticas tres jóvenes: una estudiante de Ingeniería Agroalimentaria y dos de Veterinaria

Un total de 19 estudiantes y titulados universitarios han formado parte de la segunda edición del proyecto Desafío Arraigo Teruel, impulsado por la Diputación de Teruel (DPT) para el desarrollo de prácticas formativas en la provincia entre los meses de julio y noviembre.
Son siete más que el año anterior y entre las participantes, varias lo han aprovechado en la comarca del Jiloca. Ha sido el caso de una estudiante de Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural, que ha estado en el Ayuntamiento de Fuentes Claras, y dos estudiantes de veterinaria que se han formado en el centro veterinario Coteve con sede en Calamocha.
Una de estas dos estudiantes de Veterinaria es Eva Espés, quien destaca que ambas pudieron aprender en todos los servicios que el centro veterinario ofrece, como son ganadería, clínica y laboratorio. “Son seis veterinarios y, dependiendo de la faena que tenían, mi compañera Laura Terrasa y yo nos íbamos turnando, por las mañanas tocaba salida a campo y por la tarde clínica o laboratorio”, detalla la estudiante de 4º curso.


Espés, natural de Samper de Calanda, conoció a los veterinarios de Coteve con anterioridad y pudo acordar las prácticas para este pasado verano.
Para ella, este proyecto es un acierto y hace un balance positivo, destacando el valor de realizarlo en el entorno rural: “Para mí, que vengo de un pueblo y me gustaría seguir viviendo en él, ha sido otra oportunidad de ver el mundo rural, en una zona que no es la mía y en pueblos pequeños, porque aunque nos alojábamos en Calamocha, el centro abarca muchos pueblos”, indica.
Espés, al igual que el resto de estudiantes seleccionados, ha percibido una ayuda económica en concepto del pago del alojamiento, manutención y gastos de desplazamiento, así como una bolsa de ayuda mensual por el desempeño de las prácticas. “Lo más difícil fue buscar alojamiento”, apunta.
Durante un mes, las estudiantes desempeñaron funciones del día a día y adquirieron nuevas destrezas. “Por ejemplo, nos acostumbramos a sacar sangre, que es algo que tienes una práctica en toda la carrera, y sobre todo se coge confianza”, comenta. “Ahora, sabiendo lo que es, volvería a hacer las prácticas y todo el verano,

Comparte esta Noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *