En el vertiginoso ritmo de la vida actual, marcada por la inmediatez y el consumo constante, la lectura en niños y adolescentes emerge como un ancla esencial, mucho más crucial para su desarrollo a largo plazo que la celebración de eventos esporádicos. Adquirir el hábito de la lectura es la habilidad fundamental que permitirá a los niños a coger ritmo para asimilar un sinfín de nuevas destrezas. Debemos realizar un esfuerzo gigante para contrarrestar la seducción constante de los móviles y las pantallas. Estos dispositivos, si bien tienen su utilidad, están creando preocupantes fenómenos: adicciones, problemas de convivencia debido al aislamiento que fomentan, y una marcada falta de atención hacia lo verdaderamente importante. La exposición desmedida a tanto estímulo y una falsa gratificación inmediata está frenando el desarrollo de la capacidad de concentración y la paciencia necesarias para el aprendizaje. Conseguir una vida más pausada y reflexiva debería ser uno de nuestros objetivos prioritarios. Frente a la vorágine frenética del mundo actual, el libro ofrece un oasis de calma. Leer no es solo descifrar palabras; es entrenar la mente en la observación, la reflexión y la comprensión compleja. Un niño o un adolescente que lee con regularidad está desarrollando su vocabulario, mejorando su ortografía y, lo que es más importante, cultivando la empatía al sumergirse en realidades y perspectivas diferentes a la suya. La lectura enseña a estructurar el pensamiento y fomenta la creatividad. Es crucial que volvamos a educar con objetos tan básicos y atemporales como un libro. Ofrece una experiencia tangible y que requiere el compromiso activo del lector, a diferencia de la pasividad que a menudo inducen las pantallas. La propuesta no es prohibir la tecnología, sino relegarla a un segundo plano hasta que los jóvenes hayan aprendido a funcionar eficazmente sin ella. Cuando la base de la atención, la comunicación y el pensamiento crítico esté firmemente establecida a través de la lectura y el juego real, se podrán utilizar las herramientas digitales de manera consciente y productiva, sin que estas dicten su comportamiento ni limiten su potencial. Invertir tiempo en fomentar la lectura es invertir en futuro.

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