Las comarcas del Campo de Daroca y Jiloca encierran una dualidad fascinante: son territorios de profunda esperanza y, a la vez, de frustrante ineficacia institucional. Este curso escolar, la vitalidad de nuestra gente brilla con luz propia, pero las sombras de la despoblación y el desamparo institucional exigen una reflexión urgente.
La vida aquí, especialmente la que rodea a nuestros jóvenes, es rica y diversa. Durante el curso escolar, nuestros alumnos disfrutan de numerosas actividades que van más allá del aula. Se aprovechan los entornos naturales e históricos de ambas comarcas, desde proyectos de conservación en la Laguna de Gallocanta hasta rutas culturales que exploran el patrimonio mudéjar de Daroca. Esta efervescencia no solo educa, sino que ancla a las familias a la tierra. A ello se suma la maravillosa noticia del nuevo bebé en Berrueco, un acontecimiento que, en nuestra geografía, es mucho más que un nacimiento; es un acto de fe y un símbolo potente de futuro para toda la comunidad. El entusiasmo que rodea a esta nueva vida debe ser el motor de nuestra futuro.
Sin embargo, esta energía local necesita un eco institucional que, a menudo, es ensordecedoramente silencioso. Es inevitable contrastar la labor de entidades verdaderamente comprometidas con la inoperancia de otras. Mientras organismos e instituciones provinciales y regionales proyectan una falta de implicación y de resultados concretos en el territorio, afortunadamente, existen iniciativas que sí están a la altura. La labor de ADRI Jiloca Gallocanta es un ejemplo crucial, pues actúa como un verdadero respaldo para los emprendedores, facilitando la financiación y el desarrollo de proyectos que, de otra forma, no verían la luz. Ellos son el verdadero motor de dinamización, en claro contraste con aquellas estructuras que solo consumen recursos.
El desafío más paradójico reside en el mercado laboral y la demografía. Nos enfrentamos a la inexplicable situación de que proyectos empresariales y servicios vitales se paralizan por una desesperante falta de mano de obra. Hay demanda de empleo, pero no trabajadores. Esta es una realidad chocante si se contrasta con la poca población que queda en algunos pueblos durante el invierno. Esta drástica despoblación estacional es un reto para la supervivencia de los servicios básicos. ¿Cómo podemos pedir a la gente que se asiente si los servicios mínimos están en la cuerda floja, y al mismo tiempo frustrar a los emprendedores que no pueden contratar?

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