Panadería Peribáñez cerrará sus puertas el próximo 27 de diciembre después de haber dado un servicio a los vecinos de su localidad y de otros municipios durante algo más de 90 años de dedicación y sacrificio

Jesús y Consuelo siguen elaborando sus pastas tradicionales
La tradición y el sabor característico del pan y de los productos de repostería de Panadería Peribáñez de Burbáguena desaparecerán con el cierre del establecimiento por la jubilación de sus propietarios. Jesús Peribáñez y Consuelo Guillén dirán adiós a toda una vida dedicada a este oficio, no sin antes, seguir elaborando hasta el último día del negocio su pan, así como los mantecados, españoletas, escaldadas, magdalenas, tortas y su producto más solicitado, el bollo tonto de chocolate, aunque también los hay de cabello de ángel.
Estos productos artesanales los introdujeron los padres de Jesús, Cecilio Peribáñez y Ascensión Peiró, cuando tomaron el relevo generacional de los abuelos y todavía hoy conservan ese sabor y esencia, “seguimos usando las recetas de mis suegros que fueron quienes empezaron a hacer repostería”, indica Consuelo, “la verdad que fueron unos buenos maestros, no solo cuando yo llegué a la panadería hace 40 años, sino también con el paso del tiempo. Estamos muy agradecidos porque nos ayudaron siempre”. Y es que, al contrario que su marido que creció entre sacos de harina, levadura y el aceite que usaban los primeros panaderos de la familia, ella llegó de Santa Eulalia cuando se casó con Jesús y tuvo que aprender todo el oficio que compartió con sus suegros durante varias décadas.
La primera etapa del establecimiento más antiguo de la localidad jilocana se centró exclusivamente en la elaboración y venta del pan contando con un horno moruno, ubicado en la parte trasera de donde está ahora el mostrador. Los primeros pasos llegaron con la compra del local a los marqueses de Montemuzo por un importe de mil pesetas, con una condición, “les exigían dar servicio al pueblo y si no, se lo quitaban” recuerda Jesús. Con los años se pasó de ese horno a uno rotativo y posteriormente al actual que dejará de funcionar a cuatro días de despedir el año.
Dedicación completa
El matrimonio ve el punto final a su vida laboral con “sentimientos encontrados, por un lado, quieres descansar y tener tiempo para ti y tu familia, son muchos años, y por otro, hace duelo porque no tenemos clientela, sino amigos. Como digo yo, ya he conocido a cuatro generaciones y les coges cariño” comenta Peribáñez. Para ambos este tiempo ha sido de dedicación casi absoluta, siendo la tercera generación de una saga de profesionales de Panadería Peribáñez que acaba este 2025, el otro horno que hubo cerró a finales de la década de los años 80. “Es muy sacrificado, nosotros nos hemos perdido muchos momentos familiares, o iba uno o el otro, pero lo dos no” señala Jesús, añadiendo que ellos “se han debido más a la gente que a nosotros, como que piensas que con la familia puedes quedar bien a cualquier hora”.
En estos últimos días de trabajo los recuerdos aparecen en las conversaciones que tienen con sus clientes y amigos, como uno en el que el panadero, junto a su padre, iba a repartir por los pueblos de alrededor y de la zona de Ferreruela, Cucalón, etc. en una furgoneta Dyan 6, “primero hacíamos el reparto con esa, luego ya cambiamos a un furgón más grande porque si no, no cabía nada” comenta. Desde que sus padres cogieron el negocio se expandieron para llegar a más localidades prestando su servicio fuera del municipio, “o bien nos ofrecíamos nosotros a algunos pueblos, o bien nos llamaban porque conocían nuestro producto y nos decían que fuéramos a vender”, una prestación que perdurará hasta el cierre. Las localidades más alejadas son las que, por el momento, más afectadas se van a ver con la jubilación de estos burbagueneros. “Tanto la gente de aquí, como la de la sierra, nos preguntan ¿qué va a pasar ahora? Es cierto que para aquí hay una persona interesada en montar algo, y espero que llegue, pero en el resto de pueblos del reparto existe mayor preocupación” explica el panadero, añadiendo que tiene esperanza en que presten el servicio.
Muestras de cariño
Aunque desde que dieron a conocer la noticia de su marcha reciben esos mensajes de inquietud, también les están llegando comentarios de cariño de sus clientes con los que están muy agradecidos por todo este tiempo. Entre las muestras de afecto, una de ellas procede de Luco de Jiloca, donde les entregaron una placa -demostrando esa estrecha relación-, otra de una de las vecinas de Burbáguena que les dio un detalle por su trabajo y constancia e incluso alguno de los pequeños les han hecho dibujos.
Además, durante estas semanas, están llegando clientes de fuera del territorio, “por ejemplo de Barcelona, que no los esperas y nos llamaron para decir que venían a despedirse. Eran unas chicas que venían de pequeñas y se acercaron el otro día a despedirse, eso la verdad es que te llena”, cuenta Consuelo mientras sonríe al recordarlo.
Entre los recuerdos que les deja el oficio están las noches de las fiestas patronales “esos momentos dan mucha alegría, las noches de las fiestas son una alegría total. Hay veces que dices, estos podían esperar un rato a venir…, pero luego te compensa” apunta Consuelo a la vez que su marido añade que son los días que más le ha gustado vivir “por cómo viene la gente, vienen bien, ellos vienen de fiesta y de juerga y te contagian, y aunque te fastidia porque tienes que parar de trabajar, son los mejores”. Esos instantes se quedarán para el recuerdo porque ahora ya les ha llegado el momento de parar y echar el cerrojo.
Cuando desmonten las instalaciones de toda una vida de esfuerzo podrán disfrutar del tiempo para ellos y la familia. Jesús tiene claro que parte la dedicará a sus pasiones: la jota y la guitarra, Consuelo, todavía lo tiene que descubrir, aunque cree que comenzará por alguna actividad y lo que ambos aseguran es que continuarán asistiendo a eventos y actuaciones culturales, comenzando con fuerza el año 2026.

