
Recientemente se ha llevado a cabo la limpieza y restauración de una de las piezas más emblemáticas de la Basílica de Santa María de Daroca. La que más llama la atención, por su majestuosidad a los visitantes cuando acceden al Templo.
Se trata del baldaquino, construido a imagen y semejanza del existente en San Pedro del Vaticano, en Roma, que fue construido entre 1620 y 1630 por Gian Lorenzo Bernini. Una colosal estructura de bronce macizo de casi 30 metros de color negro y sobredorado.
La palabra baldaquino tiene su origen en Baldac, nombre con el que se conocía en la Edad Media a la ciudad de Bagdad y se trata de un conjunto arquitectónico compuesto por cuatro columnas y un dosel o cúpula que forman un templete, destinado a dar cobertura al altar mayor de la iglesia. Su uso comenzó en torno al siglo IV, y antiguamente solían ponerse lujosos cortinajes con los que se ocultaba a los fieles el altar. El baldaquino de Daroca se construyó entre 1670 y 1677, tras la reforma de finales del siglo XVI en la que se cambió la orientación del templo y se triplicó su tamaño. Entonces, la capilla principal orientada al este, en la que se conservan los Sagrados Corporales, pasó a ser una capilla lateral y en el lado norte del nuevo templo se instaló el altar mayor en el que se encuentra la Asunción de la Virgen, titular de la iglesia, bajo el magnífico baldaquino.
En su construcción intervinieron el cantero Martín de Abaria y los ensambladores Jaime de Ayet y Francisco Franco. Es algo más pequeño que el del Vaticano, y a diferencia de aquel, este magnífico baldaquino está construido en mármol negro, sus cuatro columnas, y madera sobredorada el doselete o cúpula calada, y también da cobertura al altar mayor, presidido por la espectacular imagen de la Virgen de la Asunción, una excepcional pieza de madera policromada construida en 1682 por los artistas Francisco y Pedro Franco. La Virgen está apoyada en un cúmulo de nubes por las que revolotean multitud de angelotes y que sostienen dos ángeles de mayor tamaño. Las nubes, en su interior contienen un tabernáculo cuya tapa es una concha de peregrino.
Las cuatro columnas salomónicas, de mármol negro, están apoyadas sobre unos grandes pedestales de lo mismo adornados con óvalos y puntas de diamante de jaspe
Sobre las columnas, con capiteles de orden compuesto, descansa una atractiva cúpula calada de madera dorada con lambrequines policromados con el emblema de los Corporales y las armas del arzobispo don Martín Terrer de Valenzuela, principal patrocinador de la obra.
En lo alto del baldaquino, dos angelotes sostienen el escudo de los Sagrados Corporales y en sus cuatro esquinas están representados los cuatro doctores de la iglesia de occidente, reconocidos por el Papa Bonifacio VIII a finales del siglo XIII: San Agustín de Hiponia, San Ambrosio de Milán, San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno, y sobre ella un cimborrio coronado por una imagen de Santo Tomás de Aquino, Patrón de Daroca, oficialmente, desde el 6 de abril de 1643, aunque ya mucho antes el Cabildo de Daroca proponía una fiesta en honor a este Santo, que se representa en este baldaquino con los atributos por los que se le reconoce, es decir, el habito de dominico con un sol en el pecho, con un libro y una pluma en sus manos, y sobre el, revoloteando, el Espíritu Santo. La obra completa pudo verse acabada definitivamente en 1701 y se trata de un conjunto de gran belleza, gran simetría y perfección en sus formas.
