Despedir y recibir

May 2, 2022

Por Beatriz Martín, de A-BUEÑIZA-TE

En los últimos años, los habitantes de los pueblos “pequeñitos” hemos aprendido muy rápido la combinación de dos palabras : “DESPEDIR’ y “RECIBIR”.
Durante décadas, vivimos muy de cerca el significado de despedir a quienes se iban a buscar un futuro mejor, a quienes se marchaban a estudiar, contando cuántos niños iban quedando en la escuela para que acabara cerrando (sabiendo que iba a ser difícil volver a abrir sus puertas) y, a la vez, sufriendo esas pérdidas de nuestros mayores, que son los que permanecen en su pueblo, valientes y luchadores con esas pinceladas de resignación sabiendo que la “ley de la vida” les hace mantenerse hasta el final de sus días en su pueblo adorado. Esas personas fuertes de los que cada vez son más los que van llegando por encima de sus 90 años, piensas que por ellos no pasan los años pero se van apagando y, cuando menos te lo esperas, su casa queda vacía y llena de recuerdos.


Afortunadamente, también hemos aprendido el significado de “Recibir”, dar la bienvenida a esta corriente de nuevos pobladores que, desde comienzos de siglo, se han planteado emprender una nueva vida en nuestros pueblos y vienen cargados de ilusión y de ganas de llenar nuestras calles. Sabemos que no es una tarea fácil, que, cuando no has nacido conociendo nuestros pueblos, culturas y tradiciones, algunos permanecerán años, otros meses y afortunados aquellos que decidan quedarse de forma permanente.
El comienzo de año en Bueña ha sido duro, un invierno cargado de despedidas. Los Reyes se nos llevaron a Eloy, esa persona a la que adorabas ver con sus 94 años cultivando el huerto, dando sus paseos con su mujer y cuidando de la puerta de su casa al sol con esos gatitos bonitos blancos que le rodeaban y, a pesar de su edad, nunca te sientes preparada para despedirle. Mª Carmen, dulce y buena persona como las haya, todo el pueblo la quería mucho y, a pesar de los años que le hubieran quedado por vivir, la mala suerte fue apagándola poquito a poco, dejando un sabor triste en su adiós. Miguel, que, en su última visita en verano, ya estaba “flojico”, pero adoraba venir a nuestro pueblo porque, aunque era calandino, se adaptó y vivió como uno más en Bueña con una sonrisa y siendo feliz cada día que pasó aquí.
Además de la dureza de tantas despedidas marcadas por la ley de la vida, Raúl y Laura, que regentaban el bar, a pesar que se adaptaron muy bien al pueblo y lo disfrutaron cada día que pasaron con nosotros, por una situación complicada también decidieron emprender camino en otro lugar. Fue una de esas despedidas que cuesta todavía más, sobre todo, cuando habían estado tan integrados y queridos por todo el pueblo. Difícil para ellos y duro para nosotros, teniendo que volver al punto de partida con el último servicio que nos quedaba en el pueblo viendo cómo cerraba sus puertas, pero deseándoles que, allá adonde vayan, encuentren felicidad y se acuerden de este pequeño pueblo donde nos quedamos con su recuerdo.


Afortunadamente, la primavera ha traído buena suerte al pueblo y, gracias al interés del Ayuntamiento por volver a abrir el bar y la casa que tienen para nuevos pobladores, el 1 de abril una nueva familia abrió sus puertas. Alex y Andreina, venezolanos y con sus tres niñas, han decidido venir a vivir aquí. En dos días, han llenado el lugar con olor a cocina venezolana por parte de Alex y repostería dulce gracias a las manos de Andreina. Sus hijas comparten risas con los dos niños que ya había en el pueblo y el centro social se ha vuelto a ocupar por todos los habitantes y vinculados con Bueña. Si algo caracteriza a los habitantes de nuestros pequeños pueblos es su gran capacidad de acogimiento y RECIBIR a los nuevos pobladores con los brazos abiertos y la ilusión de generar continuidad y permanencia de los habitantes que durante todo el año residen en ellos.
Desde A-BUEÑIZA-TE, como muchas otras asociaciones de nuestra comarca y provincia, llevamos muchos años apoyando ese acompañamiento, un factor fundamental para generar arraigo y empoderamiento de nuestros socios con nuestro pueblo. Por eso, las nuevas familias entran a formar parte de nuestra comunidad sin pago de cuota el primer año. De esta forma, establecen contacto y comunicación con el resto de socios y somos una puerta y una vía de conexión más para ayudar en la bienvenida y asentamiento. Nosotros sumamos en la parte de RECIBIR y esperamos que la nueva familia decida quedarse y tardemos mucho tiempo en tener que volver a DESPEDIR. ¡Bienvenidos!

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