La artista Pilar Sánchez González, Cala, repasa el origen y el proceso creativo de Constelaciones ¿30 de 88 y un olvido?, exposición que reunió 30 obras acerca de constelaciones poco conocidas y reivindicó su particular interpretación del cielo

Entre el 3 y el 13 de agosto, la Biblioteca Municipal de Calamocha acogió la exposición Constelaciones ¿30 de 88 y un olvido?, de la artista local Pilar Sánchez González, conocida como Cala. La muestra reunió 30 obras inspiradas en constelaciones poco conocidas y surgió con motivo del ciclo de eclipses y del reconocimiento de la provincia por la calidad de sus cielos. A través de ellas, la autora combinó investigación, experimentación artística y una reflexión sobre el olvido de determinadas constelaciones y de las mujeres en la historia de la astronomía.


¿Cómo nace el proyecto?


El objetivo era aprovechar el momento de la tríada de eclipses. Como iba a haber tres años de eclipses, me pareció interesante trabajar con un tema nuevo.


Antes de hacer una exposición voy madurando qué es lo que quiero hacer y, a partir de ahí, comienzo una fase documental.
En este caso quise trabajar con el cielo y, buscando documentación, me pareció especialmente interesante el concepto de constelación. También quise jugar con la palabra «olvido», porque nosotros estamos un poco olvidados, y decidí trabajar con las constelaciones menos conocidas. Finalmente son 30 constelaciones que no son las habituales.


Cuando busqué información descubrí que, de las 88 constelaciones aprobadas por la Unión Astronómica Internacional, no había ninguna mujer astrónoma. Quería investigar qué había pasado con las mujeres astrónomas. Encontré que Hevelius reconocía en sus libros que trabajaba con su mujer. Ese fue el punto de partida: buscar las constelaciones olvidadas y relacionarlas con esa falta de reconocimiento.


¿Cómo fue el proceso de creación de las obras?


Primero tenía claro que necesitaba un fondo negro, porque el cielo es negro.


Estuve haciendo varios experimentos con tabla, papel y lienzo teñido de negro, pero no encontraba lo que quería. Hasta que empecé a trabajar con las lijas, casi por casualidad.


Primero probé con óleo y después con acuarela, pero no funcionaban. Al final encontré los lápices acuarelables, que me permitían rayar sobre la lija y después diluir el color con agua.


Todo está hecho con las yemas de los dedos, porque la superficie no permite utilizar el pincel. En la exposición no hay nada pintado con pincel; únicamente hay algunos trazos de rotulador para marcar determinados detalles. Pasé un año un poco complicado con la mano derecha y las yemas de los dedos, pero cuando vi el resultado pensé que eso era lo que tenía que hacer.


¿Hay alguna obra que recuerdes especialmente?


Me gustaron especialmente las de los animales, como el delfín, la serpiente o el lagarto.


La gente me preguntaba si eran el reflejo de las constelaciones, pero no: son mi interpretación. Yo tenía claro que quería hacer un lagarto, pero no estaba intentando reproducir exactamente la imagen de la constelación.


En los libros y en internet las constelaciones no tienen los colores que yo les pongo, pero esa es la ventaja del artista: puedes decidir cómo quieres que sea y hacerlo a tu manera.


¿Qué ha significado exponer en Calamocha?


Por un lado, es un orgullo, porque siempre que expones en tu tierra es un orgullo.


También hubo dificultades. Cuando vi que no había aire acondicionado tuve que dejar 22 obras en Madrid y cambiar la estructura de la exposición. Además, vino poca gente. Sin embargo, hubo seis ventas y estoy muy contenta porque fueron a personas del pueblo.


Creo que la exposición habría podido tener más repercusión. No salió en redes y algunos carteles desaparecieron de los paneles del Ayuntamiento. Aun así, agradezco mucho la cobertura de los medios locales ya que mucha gente me decía que había visto la exposición gracias a ellos.


¿Por qué crees que es importante impulsar este tipo de iniciativas?


Creo que, si no ayudas a que la gente tenga la sensación de que existe una buena acogida, eso desmotiva, sobre todo a quienes están empezando.


Ayudar significa ofrecer oportunidades, como concursos o salas de exposiciones. También creo que facilitar horarios más amplios ayudaría a que más gente pudiera visitar este tipo de muestras.


Reconozco que en el pueblo se hacen cosas, pero, en mi caso concreto, me he sentido un poquito desangelada. Puede haber gente a la que el arte abstracto no le guste, pero si no vas a verlo tampoco sabes si te gusta.

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