Arrancamos este 2026 con la mirada puesta en el cauce del Jiloca y las murallas de Daroca, reflexionando sobre un año 2025 que nos ha dejado un sabor agridulce. Nuestras comarcas, el Campo de Daroca y el Jiloca, se encuentran en una encrucijada donde la realidad avanza a dos velocidades muy distintas.
Por un lado, vemos núcleos que han sabido subirse al tren de la modernización. Calamocha, con la consolidación de su industria cárnica y la apuesta por energías renovables como el biogás, demuestra una resiliencia envidiable. De igual modo, Daroca sigue apostando por su Plan de Sostenibilidad Turística, intentando que su patrimonio no sea solo un recuerdo del pasado, sino un motor económico vivo. Sin embargo, no podemos ignorar la otra cara de la moneda: esos pueblos pequeños que luchan por algo tan básico como mantener el bar abierto o asegurar que la asistencia médica no sea un lujo.
Es aquí donde debemos detenernos y mirar hacia quienes nos dirigen. La clase política, especialmente en las localidades de mayor peso, parece a menudo atrapada en una coreografía de egocentrismo y confrontación. Es desolador ver cómo, en los plenos y redes sociales, prima más la idea de “destruir al adversario” por encima de construir puentes y sinergias para avanzar. El servicio público no debería ser un ring de boxeo donde se busca la aniquilación política del otro, llevándose por delante proyectos vitales para el territorio.
Necesitamos, por encima de siglas, a buenas personas. Líderes que miren a los ojos de sus vecinos y entiendan que su única misión es el bien común. La política en el mundo rural debe ser una herramienta de supervivencia y dignidad, no un escaparate de vanidades.
Este 2026 que hoy inauguramos es una oportunidad para todos: para los vecinos, que mantienen vivos los servicios los 365 días del año, y también para los “agosteros” y visitantes, que son el pulmón emocional y económico en vacaciones. Solo si el vínculo por mejorar la calidad de vida de nuestras tierras es más fuerte que el interés partidista, conseguiremos que el progreso no sea un privilegio de unos pocos, sino una realidad para todo el valle. Que este año sea, de verdad, el de la unión por el Jiloca y el Campo de Daroca, ¡feliz 2026!

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